Episodios

  • La gran comisión
    Jun 2 2022
    LA GRAN COMISIÓN Mateo 28:19: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”. Mateo 28:19-20 y Marcos 16:15-16 contienen lo que se conoce como “la Gran Comisión”. Éste es el mandamiento que Jesús encomendó a los apóstoles, poco antes de que ascendiera al cielo, y describe lo que Cristo espera que todos sus seguidores hagamos en Su ausencia: predicar el evangelio a todas las personas, hacer discípulos y bautizarlos. Lo anterior significa que, todos los cristianos hemos sido enviados como representantes de Cristo (2 Corintios 5:20) para que más personas sean alcanzadas por el Evangelio de la salvación. Este llamamiento, o gran comisión, es un mandamiento personal que todo cristiano deberíamos cumplir en todo tiempo y en todo lugar que sea posible. Para realizarlo, el seguidor de Cristo no depende de que su iglesia local organice alguna campaña evangelística, o que efectúe algún evento de alcance. El creyente apasionado por Jesucristo es conmovido por el daño que el pecado causa en el ser humano, así que aprovecha toda ocasión para estar testificando de Cristo, con el fin de llevar a las personas a que se entreguen a Jesucristo y alcancen la salvación. 1. Un obstáculo para el cumplimiento de la Gran Comisión es que algunos cristianos no tienen el mínimo interés por dar testimonio de su fe en Cristo, incurriendo así en la desobediencia. Hacer caso omiso a este mandamiento es pecado. 2. Otro aspecto importante es que los cristianos se enfocan más en sólo evangelizar, pero casi no se ocupan en discipular. Una de las razones de este desequilibrio es por causa de la falsa doctrina que cree que las personas se salvan si tan sólo hacen una oración para confesar a Cristo. Es una mala interpretación de Romanos 10:10 que dice: “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se hace confesión para salvación”. Tales “evangelistas” se ocupan de que las personas confiesen a Jesucristo (a veces no les importan los medios para lograrlo). Consiguen que confiesen a Cristo y se olvidan de ellos. Tristemente, no todos tienen interés de darle seguimiento a los nuevos creyentes para asegurarse de que verdaderamente se han arrepentido de sus pecados, se han convertido, le han entregado su vida a Dios y manifiestan los frutos espirituales que demuestran que son nuevas criaturas en Cristo. Es un error no dar seguimiento, porque también es parte de la Gran Comisión cuando Jesús ordenó: “hagan discípulos”. Así que, la orden de Jesús no es sólo evangelizar, sino también discipular. Hacer discípulos es más que hacer sólo convertidos, o hacer solamente creyentes. Hacer discípulos es necesario para el crecimiento y la madurez espirituales. El discipulado es muy importante porque, además de proveer el conocimiento de la vida cristiana, también puede ser un agente evangelizador. ¿Cuántos no se han convertido durante el discipulado? Por ejemplo, puede ocurrir que alguien que se creía cristiano, al asistir a los estudios de discipulado, se da cuenta, por medio de las enseñanzas de la Biblia, de que, en realidad, no se había convertido a Cristo. Así, el discipulado también puede ser un recurso para evangelizar. 3. Sin embargo, el descuido más común que realizan los cristianos con respecto a La Gran Comisión es el no bautizar a los nuevos creyentes en Cristo. Por las referencias que encontramos en la Biblia con respecto al bautismo (por ejemplo: Hechos 2:41; 8:12; 8:36-38), éste se realizaba de manera inmediata una vez que la persona confesaba su fe por Cristo. Es decir, una persona se convertía a Cristo y en seguida se bautizaba en agua. Hoy en día eso casi ya no se practica. Pareciera que consideran que esta responsabilidad es exclusiva de los pastores cuando, en realidad, las Epístolas no mencionan quién debe bautizar. Lo que si queda claro es el significado del bautismo en agua, pero no se específica quien debería bautizar. Por algunos pasajes como 1 Corintios 1:10-17 y por la misma Gran Comisión (Mateo 28:18-20), y porque la Biblia no menciona específicamente quien debería bautizar, se puede entender que cualquier verdadero creyente tiene la autoridad de Dios para bautizar, de la misma manera que tiene la autoridad de Dios para evangelizar y también tiene la autoridad para enseñar todo lo que Cristo ordenó. ¡Vamos! ¡Cumplamos con el mandato de Dios! ¡Bendiciones!
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  • Felipe y el Etíope
    Jun 2 2022
    FELIPE Y EL ETIOPE Hechos 8:26-39: “26 Un ángel del Señor le habló a Felipe, y le dijo: «Prepárate para ir al desierto del sur, por el camino que va de Jerusalén a Gaza.» 27 Felipe obedeció y fue. En el camino vio a un etíope eunuco, funcionario de la Candace, reina de Etiopía. Era el administrador de todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar; 28 y ahora iba de regreso en su carro, leyendo al profeta Isaías. 29 El Espíritu le dijo a Felipe: «Acércate y júntate a ese carro.» 30 Cuando Felipe se acercó y lo oyó leer al profeta Isaías, le preguntó: «¿Entiendes lo que lees?» 31 El etíope le respondió: «¿Y cómo voy a entender, si nadie me enseña?» Y le rogó a Felipe que subiera al carro y se sentara con él. 32 El pasaje de la Escritura que leía era éste: «Como oveja fue llevado a la muerte, como cordero delante de sus trasquiladores se callará y no abrirá su boca. 33 Sufrirá la cárcel, el juicio y la muerte; ¿y quién entonces contará su historia, si él será arrancado por completo de este mundo de los vivientes?» 34 El eunuco le preguntó a Felipe: «Te ruego que me digas: ¿De quién habla el profeta? ¿Habla de sí mismo, o de algún otro?» 35 Entonces Felipe le empezó a explicar a partir de la escritura que leía, y le habló también de las buenas noticias de Jesús. 36 En el camino encontraron agua, y el eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿hay algo que me impida ser bautizado?»[ 37 Felipe le dijo: «Si crees de todo corazón, puedes ser bautizado.» Y el eunuco respondió: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.»] 38 Y el eunuco mandó detener el carro, y ambos descendieron al agua y Felipe lo bautizó. 39 Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor se llevó a Felipe y el eunuco no volvió a verlo, pero siguió su camino lleno de gozo.”. En el libro de Hechos 8:26-39, encontramos uno de los pasajes que nos provee enseñanzas muy valiosas acerca de lo que Dios hace para alcanzar a las personas que Él se propone salvar, y de la respuesta que el Señor espera del evangelizador y del evangelizado. Algunos aprendizajes que podemos tomar de este pasaje son (cuatro Os): • Ordenanza. Dios decidió salvar al etíope y dispuso todo lo necesario para lograrlo: retiró a Felipe de una fructífera campaña evangelística en Samaria donde muchos eran liberados y sanados. Multitudes estaban creyendo en el Evangelio y se bautizaban. En medio de todo ese avivamiento espiritual, Dios le ordenó a Felipe que saliera de Samaria y fuera al desierto. En el otro lado, Dios también preparó al etíope ya que despertó en ese funcionario el deseo de conocer más acerca del reino de los cielos. Le permitió viajar desde su país hasta Jerusalén buscando a Dios, adquirir una copia del libro de Isaías, ir leyendo justamente el pasaje más evangelístico de ese libro: el que habla acerca de los sufrimientos del Siervo del Señor. Dios hizo que Su orden se cumpliera. • Orientación. Felipe sabía que quien disponía de él era Dios. Así que acató la orden que Dios le envió por medio de un ángel. Felipe se encontraba en medio de una manifestación gloriosa del reino de Dios en Samaria. Multitudes estaban creyendo en Cristo y eran bautizados, pero Dios le pidió dejar todo eso para que fuera al desierto. ¿No te parecería sin sentido si Dios te pidiera algo así? ¿Dejar algo que está resultando exitoso? ¿Qué se puede hacer en el desierto que pueda ser más importante que predicar a multitudes que se están convirtiendo? Pareciera que Dios, en vez de promover a Felipe, lo estaba degradando. Tal vez él se preguntó: “¿qué hice mal, Señor”. • Oportunidad. Cuando Felipe, por orden del Espíritu, se aproximó al carro del etíope y se dio cuenta de que el hombre leía al profeta Isaías, le formuló una pregunta bien intencionada: “¿Entiendes lo que lees?”. Por la respuesta del eunuco, Felipe identificó la oportunidad de explicarle el Evangelio de Jesucristo. Partiendo, justamente, del pasaje que el funcionario leía, Isaias 53:7-8, Felipe le habló de las buenas noticias de Jesús para salvación. Esto nos enseña que, como cristianos, debemos estar preparados para que toda plática se dirija a hablar de Cristo. • Obediencia. En cuanto el etíope declaró su fe en Jesucristo, Felipe le bautizó. Cumpliendo así “La Gran Comisión” de Jesús para sus discípulos. Felipe fue obediente a la orden de Dios para dejar de hablar a multitudes e ir al desierto a hablarle a un solo hombre. El etíope también fue obediente al llamado de Dios para reconocerle como Señor y Salvador. ¿El resultado? Dios glorificado al salvar a un hombre cuyos alcances e impactos no podemos dimensionar. No sabemos más de él en la Biblia, sólo nos dice que “siguió su camino lleno de gozo.”. Sin embargo, por algunos escritos históricos se dice que este hombre etíope ayudó a la expansión del Evangelio en África. Así como Dios dispuso todo ...
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  • El que cree y es bautizado
    Jun 2 2022
    EL QUE CREE Y ES BAUTIZADO Marcos 16:16: “El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado.”. En Marcos 16, versículos 15 al 18, Jesucristo resucitado aparece por última vez a sus once discípulos (para entonces, Judas Iscariote ya no estaba entre ellos) y les encomienda lo que se conoce como “La Gran Comisión”. Jesús encarga a sus discípulos ir por todo el mundo para predicar el Evangelio, y les dice en Marcos 16:16: “El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado.” En apariencia se podría entender que el creer y el ser bautizado son condicionantes para alcanzar la salvación, y que, si no se cumplen ambas, el creer y el ser bautizado, entonces la persona no será salva, y, por lo tanto, será condenada. El problema que existe con la interpretación anterior es tratar de establecer una doctrina que no está en armonía con el resto de las Sagradas Escrituras. No podemos tomar un solo versículo de la Biblia sin considerar, integralmente, qué más dicen las Sagradas Escrituras al respecto. Esto porque la Biblia, que es la Palabra de Dios, no se contradice a sí misma. Así que, puede resultar un grave error el tomar un solo versículo y sobre el mismo establecer una doctrina que no es consistente con otros versículos que tratan sobre el mismo tema en la misma Biblia. En la primera parte de Marcos 16:16 se citan dos acciones: “creer y ser bautizado”, que al realizarlas dan por resultado: “ser salvo”. El error que algunos cometen aquí es interpretar que el bautismo al que se refiere este pasaje es al bautismo en agua. Pero, ese versículo se refiere al bautismo del Espíritu que ocurre cuando una persona es salvada por Dios. El bautismo del Espíritu que ocurre en la salvación lo encontramos en 1 Corintios 12:13: “Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu.”. Esto se refiere a que cuando recibimos la salvación de Dios, somos bautizados por el Espíritu para formar parte de un cuerpo, esto es el cuerpo espiritual de Cristo, es decir Su iglesia. Romanos 6:3-4 y Colosenses 2:12 también hablan de ese bautismo del Espíritu que ocurre cuando una persona recibe la salvación de Dios. Así que, ambas acciones de la primera parte de Marcos 16:16, “creer” y “ser bautizado”, son espirituales. No se refiere a que una sea espiritual y la otra física, pero se refiere a que ambas son acciones espirituales. Al ser ambas espirituales están en armonía con el resto de la Biblia: creer para ser salvos por la gracia de Dios (Efesios 2:8). Cuando la persona cree en Jesucristo, quien murió en su lugar, Dios le salva y le bautiza en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Si el bautismo al que se refiere Jesús en Marcos 16:16 fuera el bautismo en agua, entonces la salvación dependería de una acción humana y ya no sería sólo por gracia, sino también por una obra del hombre. Eso iría en contra de la misma Palabra cuando dice, entre otros pasajes, por ejemplo: “No es por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:9). Entonces, ambas acciones, “creer” y “ser bautizado”, son interdependientes como una causa-efecto. Así, el bautismo del Espíritu es una consecuencia del creer. El bautismo del Espíritu es la certificación de Dios a la fe del hombre. Cuando la persona cree en Jesucristo como aquél que tomó su lugar en la cruz y que, por su muerte y resurrección, sus pecados son perdonados, entonces, Dios le salva de la condenación y, al mismo tiempo, pone en esa persona su Espíritu como sello (bautizo) que certifica su salvación. Así, el “El que cree (en Jesucristo) y es bautizado (por el Espíritu) será salvo.”. Si el pasaje se refiriera al bautismo en agua, entonces diría “El que cree y se bautiza…”, como una acción que el hombre decide realizar, pero al decir “es bautizado…” se refiere a algo que no depende de su voluntad, sino de la gracia de Dios. En contraste, tenemos la segunda parte de Marcos 16:16 que podríamos parafrasear así: “pero el que no cree (en Jesucristo, no será bautizado por el Espíritu, entonces), será condenado.”. Si alguien no cree en Cristo, Dios no lo certifica con el bautismo del Espíritu, y, por consecuencia, será condenado. En esa condición, de incredulidad, el bautismo en agua no tiene ningún sentido para la persona que no cree. No significa nada. De hecho, su problema es mucho mayor a que si se bautiza o no se bautiza en agua, porque si no cree, es decir, si rechaza el Evangelio, será condenado. ¡Bendiciones!
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  • La forma correcta de bautizar
    Jun 2 2022
    LA FORMA CORRECTA DE BAUTIZAR Juan 3:23: “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.”. Existen diversas formas para bautizar a las personas. Las más conocidas son por inmersión, por aspersión y por afusión. El primero, bautismo por inmersión, implica sumergir totalmente a la persona que está siendo bautizada en el agua y luego levantarla. El segundo, por aspersión, se trata de bautizar rociando agua en la persona (usualmente en el rostro). El tercero, afusión, se trata de verter algo de agua en el bautizado, usualmente sobre la cabeza. La palabra griega que se utiliza en la Biblia para referir a este acto es la palabra baptízo (Diccionario Strong G907), la cual significa “sumergir totalmente en agua”. Las palabras griegas que se traducen al español como aspersión (rociar agua) y como afusión (verter agua), no se encuentran en la Biblia. Por lo cual, el único método referenciado en las Escrituras para bautizar es por medio de la inmersión. Tanto el verter agua como rociar agua no son métodos bíblicos para bautizar Además, bautizar rociando agua o bautizar vertiendo algo de agua es una total contradicción de términos porque bautizar significa sumergir. Sería equivalente a decir: “sumergir rociando agua”, o “sumergir vertiendo algo de agua”. ¿Te das cuenta de que eso es contradictorio? Nadie se puede sumergir en agua si tan sólo le arrojan un poco de agua. El fundamento bíblico de que la inmersión es el único método correcto de bautizar, lo encontramos en algunos textos: • Hechos 8:38: “Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”. Felipe bautizó al eunuco cuando encontraron agua en su camino. Si el método correcto fuera rociar o verter agua, entonces habrían utilizado el agua que seguramente el eunuco llevaba para beber (si su viaje era de miles de kilómetros y gran parte por el desierto. Seguro transportaba agua). Pero como la inmersión es el método correcto, entonces el bautismo se realizó hasta que encontraron cierta cantidad de agua que fuera suficiente para sumergirse. • Mateo 3:6: “y, confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.”. Juan bautizaba en un río porque tiene la profundidad suficiente para sumergir a una persona. Si el método correcto fuera rociar o verter agua no sería necesario ir a un río para bautizar. También dice en Juan 3:23: “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.”. De nuevo, vemos en este pasaje que Juan bautizaba donde había muchas aguas. Si no fuera por inmersión la Biblia no resaltaría que “había allí muchas aguas”. • Mateo 3:16a: “Y cuando Jesús fue bautizado, en seguida subió del agua...”. Si Jesús subió del agua, después de ser bautizado, se entiende que su bautismo implicó que fuera dentro del agua. Es decir, sumergido totalmente. Además de la Biblia, los historiadores de la iglesia cristiana primitiva documentaron que el método de bautismo utilizado durante siglos fue sólo el de inmersión, y que, poco a poco, se fue introduciendo el cambio de sólo inmersión a inmersión parcial con afusión (verter agua); hasta que, alrededor del siglo XV se utilizaba más el método de sólo verter agua, esto principalmente en la iglesia católica; y para entonces ya no se usaba tanto el método original de inmersión. La razón de este cambio fue el poder bautizar a los bebés sin poner en riesgo su vida; ya que al verter agua sobre su cabeza no se le expone a sufrir ahogamiento si se le bautizara sumergiéndole completamente en agua. Y es que bautizar a los bebés fue originalmente motivado por intereses políticos y económicos, y no por causas religiosas ni espirituales. Se realizaba así para ganar adeptos a la iglesia desde la infancia. Al tener más seguidores, la iglesia gana más poder. ¿Por qué es relevante todo esto? Porque reemplazar el único método bíblico correcto para bautizar por cualquier otro método, hace que ese tipo de bautismo no sirva para nada. Bautizar con métodos no bíblicos hace que esos bautismos carezcan de total significado y sentido. En otras palabras, bautizar sin el cumplimiento de las formas y requisitos bíblicos para esta ordenanza, le hacen una actividad totalmente inútil. Así que, examina si has sido bautizado como demanda y le agrada a Dios. Esto es, como está establecido en la Biblia. ¡Bendiciones!
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  • ¿Qué es el bautismo en agua?
    Jun 2 2022
    QUÉ ES EL BAUTISMO EN AGUA Mateo 3:17 (JBS): “Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.”. El bautismo en agua es una de las dos ordenanzas que Jesucristo estableció para que sean realizadas por todos los que creen en Él. La otra ordenanza es la celebración de la Santa Cena. Al ser un mandato de Jesús que todo creyente se debe bautizar, eso implica que todo aquel que se considere un cristiano verdadero deberá bautizarse en cuanto le sea posible. No se necesita tener mucho conocimiento de la Palabra, ni se requiere que la persona sea de comprobada madurez espiritual para bautizarse. Es suficiente que la persona crea y de testimonio de ello. Que crea que Cristo es el Hijo de Dios, le reconozca como Señor y Salvador y le haya entregado su vida. De hecho, una evidencia de la conversión genuina del creyente será su deseo de bautizarse. En cuanto al método, el bautismo bíblico en agua consiste en la inmersión completa del creyente. La acción de ser sumergido en agua representa el morir y el ser sepultado con Cristo. La acción de emerger del agua ilustra el ser resucitado con Él. Esto es, la muerte del creyente al pecado y la nueva vida en Cristo. Es decir, la muerte del viejo “yo” y nacimiento del nuevo “yo en Cristo”. Así, el bautismo en agua es una representación visible de lo que ocurrió en lo invisible –en el nuevo nacimiento. Es la evidencia de lo que sucedió en lo espiritual cuando el creyente fue perdonado por Dios y recibió vida eterna en Cristo. Al respecto de lo que sucedió en lo espiritual, la Biblia nos dice en Romanos 6:3 (PDT): “No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Jesucristo nos unimos a él en su muerte.”. Esto es, que el bautismo espiritual que ocurre al mismo tiempo que la salvación, nos une a Cristo en su muerte. La Biblia continúa diciendo en el versículo 4: “Cuando fuimos bautizados, también fuimos enterrados con Cristo y así compartimos su muerte para que así como Cristo resucitó por el gran poder del Padre, nosotros también andemos de acuerdo a la nueva vida.”. No sólo nos unimos en la muerte de Cristo, sino también somos sepultados con Él; y, así mismo, somos resucitados con Jesucristo para que andemos de acuerdo con la nueva vida que Dios nos concede en Cristo. Todo eso sucede en el plano espiritual cuando Dios nos salva. Entonces, el bautismo en agua es una representación de lo que ocurre en lo espiritual, es decir: la muerte y sepultura (inmersión en agua), y la resurrección (emersión del agua). Por ello Hechos 10:47 (RVC) dice: “Entonces Pedro dijo: «¿Hay algún impedimento para que no sean bautizadas en agua estas personas, que también han recibido el Espíritu Santo, como nosotros?»”. Esto significa que el bautismo espiritual ocurre cuando el creyente es justificado en Cristo y esa acción le habilita para ser bautizado en agua. El bautismo en agua es un testimonio público del bautismo espiritual. Por ello, el bautismo por inmersión es el único método de bautismo que representa el ser sepultado con Cristo y ser resucitado con Él. El bautismo por aspersión (rociar agua), o por afusión (verter agua), no es bíblico porque en estos métodos no se sumerge a la persona en el agua. Al no ser sumergido en agua, no se puede representar, simbólicamente, la muerte, la sepultura y la resurrección. Por lo tanto, esos métodos para bautizar, al no ser bíblicos, no tienen ninguna validez. Si no es por inmersión, cualquier otra forma de bautismo no es válida ante Dios y no sirven de nada. El bautismo en agua no es necesario para la salvación. No nos bautizamos para ser salvos, pero nos bautizamos porque somos salvos. Es un acto de obediencia al mandato de Jesucristo y para dar testimonio público de que hemos muerto al pecado, pero ahora vivimos en Cristo. Es una proclamación pública de nuestra fe en Cristo e identificación con Él. Por ejemplo, la argolla matrimonial no me hace estar casado, pero es una evidencia de que estoy casado, o un título académico no me hace un profesional, pero certifica que lo soy. Al ser obedientes a los mandamientos de Dios, seguramente se escuchará como declara Mateo 3:17 (JBS): “Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.”. Si crees en Cristo y no te has bautizado aún ¿qué esperas? ¡Bautízate! (Hechos 22:16). ¡Bendiciones!
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  • Requisitos para el Bautismo
    Jun 2 2022
    REQUISITO PARA EL BAUTISMO Hechos 2:41: “Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados, y fueron añadidas en aquel día como tres mil personas.”. Por varios pasajes en la Biblia como Hechos 2:41, Mateo 28:19, Hechos 8:12; Hechos 8:36-38, entre otros; entendemos que el requisito para que el bautismo en agua tenga significado es que la persona sea creyente en Cristo. Por ello, la ordenanza de Jesús, conocida como “La Gran Comisión” es: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,” (Mateo 28:19). Es decir, primero se tiene que ser discípulo de Cristo, esto es, creyente en Cristo para que una persona pueda ser bautizada en agua. Si no se es creyente en Cristo, la persona no se debería bautizar en agua. Si lo hace, siendo no creyente, su bautizo no significará nada para Dios. Porque, el bautismo en agua es sólo para el que cree en Jesucristo como Señor y Salvador, es decir, es sólo para el que ha nacido de nuevo por el Espíritu de Dios (Juan 3:3-5). Esto significa que la persona no se vuelve creyente por bautizarse en agua, sino que la persona se bautiza en agua porque ya es creyente en Cristo. El bautizarse en agua es una decisión que el cristiano toma por su deseo de ser obediente al mandamiento del Señor Jesucristo y para dar testimonio público de su fe en Cristo. A estas personas se les puede aplicar lo que dice la Biblia en Lucas 12:8: “Les digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios”. El bautismo en agua es eso: una confesión de nuestra fe delante de las demás personas. Por otra parte, si alguien se dice creyente, pero no quiere bautizarse, entonces, tal vez, en realidad, no sea creyente. A estas personas, se les podría aplicar lo que dice la Biblia en Lucas 12:9: “pero el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios.”. Esto es realmente grave para el que se niega a ser bautizado en agua. No por el hecho de negarse a ser bautizado, sino porque la causa de su negación se debe a que, tal vez, no es creyente. Si un verdadero creyente en Cristo no está decidido a bautizarse en agua, puede ser por diversos factores. Por ejemplo: • Ignorancia. Ignorancia del significado bíblico del bautismo. Si un cristiano no ha recibido la enseñanza correcta de la importancia del bautismo, que es, principalmente, dar testimonio público de su fe, entonces no tendrá mucho interés por bautizarse. Es responsabilidad de los pastores y maestros que los congregantes entiendan cabalmente este principio doctrinal que es, a su vez, una ordenanza de Jesús para todos lo que creen en Él. • Pecado. Pecados ocultos. Un cristiano que mantiene pecados ocultos que no quiere confesar, no tendrá el deseo de bautizarse, porque el Espíritu Santo le estará amonestando para que renuncie a esos pecados antes de ir a las aguas. Un creyente en esta condición necesita ser exhortado para que resuelva abandonar sus pecados ocultos y afirmar su fe en Cristo para bautizarse, para así dar testimonio de su decisión por Jesucristo. • Vergüenza. La vergüenza puede ser causada por el pecado del orgullo. La persona que se avergüenza y se niega a ser bautizada en realidad está anteponiendo su ego a la obediencia a Cristo. El no querer bautizarse por vergüenza es, en cierta manera, una forma de negar a Cristo. Hay que reconvenir a la persona como dice la Biblia en Mateo 23:12: “Y cualquiera que se engrandece, será humillado, y cualquiera que se humille, será engrandecido.”. Si entendemos que el bautismo en agua es sólo para los que verdaderamente creen en Cristo, podemos inferir que el bautismo no es para los que no creen. Estos son los que abiertamente han rechazado a Jesucristo, también quienes no han conocido acerca de Jesús, y también quienes no tienen conciencia para entender el Evangelio de Cristo. En este último grupo están los infantes que aún no alcanzan la madurez para comprender qué es el pecado y sus consecuencias, y también aquellas personas que, por diversas circunstancias, tienen capacidades mentales diferentes que les impiden entender el significado del mensaje de salvación. Ellos están exentos de la obligación de bautizarse. Así que, requisito del bautismo en agua es creer en Cristo. En realidad, es una ordenanza de Jesús que cada creyente debería decidir, por voluntad propia, cumplirla. No sirve de nada hacerlo sin la voluntad del bautizado. ¡Bendiciones!
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