La gran comisión Podcast Por  arte de portada

La gran comisión

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LA GRAN COMISIÓN Mateo 28:19: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”. Mateo 28:19-20 y Marcos 16:15-16 contienen lo que se conoce como “la Gran Comisión”. Éste es el mandamiento que Jesús encomendó a los apóstoles, poco antes de que ascendiera al cielo, y describe lo que Cristo espera que todos sus seguidores hagamos en Su ausencia: predicar el evangelio a todas las personas, hacer discípulos y bautizarlos. Lo anterior significa que, todos los cristianos hemos sido enviados como representantes de Cristo (2 Corintios 5:20) para que más personas sean alcanzadas por el Evangelio de la salvación. Este llamamiento, o gran comisión, es un mandamiento personal que todo cristiano deberíamos cumplir en todo tiempo y en todo lugar que sea posible. Para realizarlo, el seguidor de Cristo no depende de que su iglesia local organice alguna campaña evangelística, o que efectúe algún evento de alcance. El creyente apasionado por Jesucristo es conmovido por el daño que el pecado causa en el ser humano, así que aprovecha toda ocasión para estar testificando de Cristo, con el fin de llevar a las personas a que se entreguen a Jesucristo y alcancen la salvación. 1. Un obstáculo para el cumplimiento de la Gran Comisión es que algunos cristianos no tienen el mínimo interés por dar testimonio de su fe en Cristo, incurriendo así en la desobediencia. Hacer caso omiso a este mandamiento es pecado. 2. Otro aspecto importante es que los cristianos se enfocan más en sólo evangelizar, pero casi no se ocupan en discipular. Una de las razones de este desequilibrio es por causa de la falsa doctrina que cree que las personas se salvan si tan sólo hacen una oración para confesar a Cristo. Es una mala interpretación de Romanos 10:10 que dice: “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se hace confesión para salvación”. Tales “evangelistas” se ocupan de que las personas confiesen a Jesucristo (a veces no les importan los medios para lograrlo). Consiguen que confiesen a Cristo y se olvidan de ellos. Tristemente, no todos tienen interés de darle seguimiento a los nuevos creyentes para asegurarse de que verdaderamente se han arrepentido de sus pecados, se han convertido, le han entregado su vida a Dios y manifiestan los frutos espirituales que demuestran que son nuevas criaturas en Cristo. Es un error no dar seguimiento, porque también es parte de la Gran Comisión cuando Jesús ordenó: “hagan discípulos”. Así que, la orden de Jesús no es sólo evangelizar, sino también discipular. Hacer discípulos es más que hacer sólo convertidos, o hacer solamente creyentes. Hacer discípulos es necesario para el crecimiento y la madurez espirituales. El discipulado es muy importante porque, además de proveer el conocimiento de la vida cristiana, también puede ser un agente evangelizador. ¿Cuántos no se han convertido durante el discipulado? Por ejemplo, puede ocurrir que alguien que se creía cristiano, al asistir a los estudios de discipulado, se da cuenta, por medio de las enseñanzas de la Biblia, de que, en realidad, no se había convertido a Cristo. Así, el discipulado también puede ser un recurso para evangelizar. 3. Sin embargo, el descuido más común que realizan los cristianos con respecto a La Gran Comisión es el no bautizar a los nuevos creyentes en Cristo. Por las referencias que encontramos en la Biblia con respecto al bautismo (por ejemplo: Hechos 2:41; 8:12; 8:36-38), éste se realizaba de manera inmediata una vez que la persona confesaba su fe por Cristo. Es decir, una persona se convertía a Cristo y en seguida se bautizaba en agua. Hoy en día eso casi ya no se practica. Pareciera que consideran que esta responsabilidad es exclusiva de los pastores cuando, en realidad, las Epístolas no mencionan quién debe bautizar. Lo que si queda claro es el significado del bautismo en agua, pero no se específica quien debería bautizar. Por algunos pasajes como 1 Corintios 1:10-17 y por la misma Gran Comisión (Mateo 28:18-20), y porque la Biblia no menciona específicamente quien debería bautizar, se puede entender que cualquier verdadero creyente tiene la autoridad de Dios para bautizar, de la misma manera que tiene la autoridad de Dios para evangelizar y también tiene la autoridad para enseñar todo lo que Cristo ordenó. ¡Vamos! ¡Cumplamos con el mandato de Dios! ¡Bendiciones!
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