Episodios

  • Bautismo de Jesús
    Jan 6 2026

    Bautismo de Jesús

    Con el bautismo de Jesús se acaba la Navidad. Es una pena porque nos encantan las fiestas navideñas y ahora nos toca esperar todo un año. Pero estamos al principio de un año nuevo, con toda la emoción que conlleva. Hoy Jesús comienza su vida pública, donde nos muestra su divinidad y nos transmite la buena nueva del evangelio. Y lo hace de la misma manera con que comenzamos nuestra vida cristiana: limpiando con agua nuestro pecado original.

    Jesús es Dios, sin pecado ni mancha, y no necesitaba ser bautizado. Sin embargo, quiso pasar por el bautismo de Juan, para purificar el agua y darle poder para limpiarnos. Juan el Bautista no quería bautizarlo. Entendemos porque él quería ser bautizado por Jesús. Estuvieron a punto de pelearse. A la primitiva Iglesia esta fiesta le produjo un poco de duda, porque el bautismo es para los pecadores. Poco a poco se dieron cuenta de que Jesús, como en su muerte en la cruz, tomó sobre sus hombros todos nuestros pecados, nuestras iniquidades, infidelidades, y las sepultó en las aguas del rio Jordán. Del mismo modo que las aguas de un rio limpian todo lo que se encuentran a su paso, ocurre lo mismo cuando nos bautizan.

    ¿Te acuerdas de tu bautizo? A la mayoría de nosotros nos bautizaron cuando estábamos recién nacidos, y no nos acordamos de nada. A mí me bautizaron al día siguiente de nacer, en la capilla del mismo hospital. Quizá algunos de vosotros tengáis videos del momento, y os podéis ver llorando porque al agua estaba fría y os despertaron de vuestro sueño. Es un buen momento hoy para recordar lo que ocurrió ese día. Si pudiéramos ver el cambio que ocurre en el alma del bebé, cuando el sacerdote vierte el agua sobre su cabeza, nos asombraría enormemente. Es una transformación automática, de un alma cerrada a la gracia, oscura como un agujero negro, a una efusión de luz y brillantez, blanca e inmaculada. De repente el cielo se abre, y aparece Dios resplendente como el sol en todo su esplendor, diciéndonos que somos sus hijos, mientras nos abraza con fuerza en sus brazos. Algo similar ocurrió durante el bautismo de Jesús, cuando los cielos se abrieron y una voz desde lo alto declaró: Este es mi hijo amado.

    Somos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hoy contemplamos una maravillosa manifestación de la Santísima Trinidad. Vemos a las tres personas divinas conjuntamente en acción. El Padre representado por la voz, el Hijo siendo bautizado y el Espíritu Santo volando como paloma. Es la primera vez que vemos en el evangelio una representación gráfica de ellos. Es lo que ocurre en el alma del bebé bautizado, cuando estamos en gracia y conservamos nuestra amistad con Dios, la Santísima Trinidad viene a habitar en nuestra alma.

    Bautizar significa sumergir. Hoy es un buen día para sumergirnos, bucear en la inmensidad de Dios. Podemos morir un poco a nosotros mismos, ahogándonos en el agua, y renacer de nuevo, para vivir un año lleno de esperanza y promesas. Salimos del agua como el ave fénix, transformados. Del mismo modo que el agua tocó la piel de Jesús, hoy podemos dejar que Dios lave nuestra alma, purificando nuestras imperfecciones.

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  • Epifanía
    Jan 3 2026

    Epifanía

    Los tres Reyes Magos vieron la estrella y la siguieron. Esa es la historia de sus vidas, de su encuentro con Dios, de su lugar en la historia. Es asombroso, como siguiendo a una estrella, se encontraron con un bebé y descubrieron al Mesías. Desde un punto de vista humano es cosa de locos. ¿Por qué una estrella pasajera provocó esa reacción en los Magos? ¿Cómo se sigue a una estrella? ¿Dónde o cuando se parará? Estas son preguntas que nos afectan. También nosotros hemos descubierto una estrella, la estamos siguiendo, y esperemos que un día nos lleve a Jesús. Es de locos, pero es la aventura de nuestra vida.

    ¿Cómo se descubre la estrella? Buena pregunta. No es fácil. Los Magos de Oriente se dedicaban a la astronomía, al estudio los planetas y las estrellas, para encontrar razones de su existencia. El hombre siempre ha mirado hacia el espacio, para tratar de entender de dónde venimos y hacia donde vamos. Nosotros también tenemos que dedicar tiempo para discernir los signos, las chispas, las huellas que Dios ha dejado en nuestro camino para descubrir su voluntad. La hallamos a través de la oración, la contemplación, el silencio y la reflexión.

    No es suficiente descubrir la estrella; hay que seguirla. Mucha gente la ve, pero no la sigue. Otros comienzan a andar, pero se desaniman; paran y se vuelven atrás. No es fácil perseverar en un viaje hacia lo desconocido. No sabemos cuánto va a durar, a donde va a acabar, si es el camino verdadero, o si nos hemos equivocado de dirección. Quizá nos hayamos pasado un cruce. A veces caminamos por el desierto, por un terreno pedregoso, gargantas profundas, junglas impenetrables. Otras veces hay ladrones esperándonos, para atacarnos cuando estemos distraídos; bestias salvajes al acecho para devorarnos, ríos desbordados, precipicios sin vuelta atrás. Quizás nos encontremos con incendios, tormentas de arena, plagas de langostas o rayos destructores. De vez en cuando la estrella se oculta detrás de las nubes y pensamos que no existe o que ha desaparecido.

    Como dice el Papa Francisco, “Jesús se deja encontrar por los que le buscan.” Sabemos que no estamos solos, que él viaja con nosotros, aunque no le veamos. Para buscarlo debemos dejar detrás todo lo que nos retrasa. Debemos viajar ligeros, con poco peso, para poder seguir el paso de la estrella. Debemos fijar nuestros ojos en el horizonte, sin distraerse por las cosas maravillosas que encontramos a nuestro paso. El demonio intenta que perdamos velocidad, que nos quedemos anclados en el barro, que nos desviemos de la dirección correcta, o que nos volvamos por donde vinimos. Si perseveramos hasta el final encontraremos al Niño Dios. Pase lo que pase, la estrella está siempre allí arriba mirándonos.

    Llegamos al establo con las manos vacías sin nada que ofrecer. Venimos al mundo desnudos y lo dejamos sin nada a que agarrarnos. La abuela del Papa Francisco decía que la mortaja con que nos enterrarán no tiene bolsillos. ¿Qué podemos ofrecer al Niño Dios? Le podemos entregar nuestra vida. Un bebé saca lo mejor de nosotros.

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  • Santa María Madre de Dios
    Dec 28 2025

    Santa María Madre de Dios

    Comenzamos el año con María nuestra madre. Celebramos su fiesta más importante: su maternidad divina, Madre de Dios. Hoy solíamos celebrar el nombre de Jesús, Manuel, pero la Iglesia se dio cuenta de que cuando tenemos un bebé, tenemos una madre. Ella es la más importante. No hay bebé sin madre. Jesús no puede hacer nada sin ella. El niño Dios tuvo conciencia de sí mismo al sentir otra persona cuidándole. Su identidad vino de los afectos y cuidados de María. Ella le alimentó con su leche, le mantuvo caliente en sus brazos, le cambió los pañales, le cantó canciones de cuna, le meció en su cuna, le enseñó a hablar y le siguió en sus primeros pasos.

    Hoy celebramos esta fiesta porque hace nueve meses María dijo que si a Dios. Fue el principio de la encarnación, cuando Dios se hizo hombre. Tomó nuestra carne y vino al mundo de la misma manera que todos venimos. Fue el principio de nuestra salvación, la obra de la redención. Y todo comenzó cuando una mujer joven, casi niña, respondió a la llamada de Dios. Nos recuerda de la importancia de seguir los planes de Dios, sin tener en cuenta sus consecuencias. Dios suele condicionar sus planes a la generosidad de nuestra correspondencia.

    El dogma de la maternidad divina de María fue definido en el año 431, durante el Concilio de Éfeso. Fue necesario porque algunos la llamaban Madre de Jesús. Pero la lógica es clara: si ella es la madre de Jesús, y Jesús es Dios, ella es la madre de Dios. No de su divinidad, sino de la persona de Jesucristo. Esta es una verdad más importante de lo que parece, pues tiene consecuencias esenciales para nosotros. Nos acerca a nuestra madre y en consecuencia a Jesús. Ella es nuestra madre, la madre de Jesús y madre nuestra, la madre de todos los seres humanos. Jesús es nuestro hermano mayor y así nosotros nos convertimos en hijos e hijas de Dios.

    Cuánto más cerca estamos de María, más cerca estamos de Jesús. Para llegar al niño Dios, debemos pasar por su madre. No la podemos circunvalar. Ella es un atajo. Es una pena contraponer María con su hijo. El demonio trata de separarnos de ella, porque sabe el poder que tiene a través de su hijo. Fue profetizado desde el principio, cuando la serpiente atacó a Eva, que vendría una nueva Eva a restablecer lo caído. Cuánto más cerca de María estamos, más seguros nos encontramos. Los niños tienen esa reacción natural de no distanciarse de sus madres.

    San Josemaría mostraba tal amor a la Virgen que casi se podía tocar. Decía a sus hijos espirituales que si en algo podían imitarle era en su devoción a María. Escribió en Camino: “A Jesús siempre se va y se vuelve por María.” Una vez alguien le preguntó si volvería a escribir ese punto, pensando que era un poco fuerte. Dijo que si, pero luego se lo pensó dos veces y dijo: “Ahora escribiría otro: María el único camino.”

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  • Sagrada Familia
    Dec 25 2025

    Sagrada Familia

    Cuando tenemos un bebé, tenemos una familia; antes era solo una pareja. La Iglesia utiliza tres evangelios diferentes para esta fiesta, la presentación, el niño perdido y hallado en el templo, y hoy la huida a Egipto. Nos sitúan a la Sagrada Familia en tres escenarios diferentes, hoy huyendo de Herodes que quiere matar al niño. Vemos a José durmiendo a pierna suelta, después de la adoración de los Magos. El Papa Francisco tenía en su mesa la figura de José durmiendo. Hay que dormir bien para oír la voz de Dios. José está hoy soñando que va a hacer con el oro de los Magos. Duda si comprar un burro más joven y rápido, o renovar la cocina de la Virgen. No pudo ser. El oro fue para el viaje y al viejo burro todavía le quedan muchos kilómetros de vida.

    Estamos acostumbrados al ángel hablando a José en sueños, levantándose este durante la noche, y huyendo de Herodes con el niño y su madre. Vamos por un momento a ponernos en los zapatos de José. Si un ángel aparece en nuestros sueños y nos dice lo mismo que a José, la primera reacción al despertarnos será pensar que ha sido una pesadilla, o que es obra del demonio. La segunda será preguntar a Dios: ¿Por qué nos tenemos que mover? ¿No puedes cargarte a Herodes? ¿Es este niño Dios? Pero José es diferente a nosotros; hizo lo que Dios le pidió, sin rebelarse, sin protestar, sin hacer preguntas, y se levantó al instante, sin esperar a la mañana siguiente, sin despedirse de nadie, mirando hacia atrás para ver si le seguían los soldados de Herodes.

    ¿Por qué Egipto? La Sagrada Familia fue allí para cumplir las escrituras. La tradición señala lugares en ese país donde estuvo Jesús. África es el único continente en que habitó Jesús. José nos da ejemplo de docilidad y confianza en la voluntad de Dios. Todos tenemos experiencia de cosas que nos ocurren, que no nos gustan, nos rebelamos y protestamos a Dios: ¿Por qué a mí? La pregunta debería ser: ¿Por qué no a mí? Algunas cosas las entenderemos más tarde, otras hay que esperar a la otra vida. Dios tiene su plan. Hay que ser pacientes. Todo tiene su sentido.

    Estamos acostumbrados a ver la huida a Egipto en las pinturas como algo precioso y romántico. No fue así. No pudieron tomar un vuelo del internet. Tuvieron que huir a pie por la noche, tomando la ruta menos transitada, durmiendo en la intemperie. Un país nuevo, con una lengua diferente, con una escritura de jeroglíficos, como refugiados. José tuvo que encontrar un trabajo, construir su casa, hacer amigos. No fue fácil. No sabían cuánto tiempo iban a permanecer allí.

    Después de unos años de trabajo duro, la Sagrada Familia se había establecido en Egipto. José había construido una casa preciosa, tenía mucho trabajo y un reconocido prestigio profesional. María tenía muchas amigas. El niño Jesús hablaba con un acento egipcio. José pensó organizar unas vacaciones en el delta del Nilo, pero un ángel se le apareció en sueños y le dijo que volviera. Tuvieron que volver a empezar. Podemos imaginarnos la vida feliz de José en Nazaret, rodeado de la Virgen y el niño, sus dos preciados tesoros. Los planes de Dios son los mejores para nosotros. Nos damos cuenta cuando nos hacemos viejos. Y lo contrario: cuando seguimos nuestros planes acabamos frustrados. José murió acompañado de María y Jesús, sus dos amores. Vamos a seguir a José.

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  • Navidad
    Dec 22 2025

    Navidad

    Durante el Adviento en nuestro camino hacia Jesús, hemos seguido el ejemplo de San Juan Bautista, San José y de nuestra Madre. Nos han llevado hacia él. Hemos llegado a donde queríamos ir, al establo de Belén. Ahora debemos centrarnos en Jesús; eso es lo que importa. Estos días de Navidad son días de calma y serena contemplación del Niño Dios. Todo lo que tenemos que hacer es mirarlo, despacio, para sumergirnos en el misterio de un Dios hecho hombre, admirando la maravillosa mezcla de su humanidad y divinidad, guardando su perfecta distinción. Eso es todo, mirarlo y nada más. Intentar profundizar más y más dentro del infinito abismo del amor de Dios por nosotros, un pozo sin fondo lleno de su majestad y poder. Y todo eso está concentrado en un diminuto bebé.

    ¿Por qué tuvo que venir? No tuvo, pero no solo quiso vivir con nosotros, sino que quiso también hacerse hombre, gozar y sufrir por todo lo que nosotros pasamos excepto en el pecado. Y ahora comienza, como nosotros hicimos, su terrena andadura como un bebé. Un niño pequeño que no puede abrir sus ojos, sin dientes y con sus manitas cerradas. Todo lo que hace es comer, dormir, llorar y ensuciar pañales. Es completamente indefenso, dependiendo cien por cien de los demás. Solo puede tomar la leche de su madre. Un Dios desamparado, que si lo dejas en la intemperie, se muere. No puede ni siquiera sonreír, la cara roja y sin pelo. Si pudiera abrir sus parpados, veríamos unos ojos marrones maravillosos.

    Y ese es el niño que tenemos que contemplar, aunque no pueda vernos; y está dormido. Es una mirada de una sola dirección, intentando aprender de su cátedra, su silla de profesor, un libro abierto, el libro de su vida, sus primeras lecciones de su paso por la tierra. Podía haber venido como un hombre ya hecho, pero quiso comenzar por el principio, pues somos lentos en aprender. Necesitamos horas de contemplación paciente delante de un pesebre, mirando como pasa frio, como llora, o como se arrulla en los brazos de su madre. Las dos primeras lecciones que aprendemos son humildad y pobreza. Vino con nada, y cuando se vaya, su única posesión será el madero de la cruz. ¿Humildad? No hay mejor ejemplo que un Dios bebé.

    ¿Y que hacemos en frente del Niño Dios? No tenemos que hacer mucho. María se encarga. ¿Qué hacen las madres con sus hijos? Los cuidan, alimentan, lavan, los consuelan, los llevan en brazos, les dan amor, los besan. Algunos de nosotros no sabemos mucho qué hacer con un bebé. Por lo menos le podemos dar cariño. Este bebé nos puede enseñar a amar. Cógelo en tus brazos, y cuidado no lo dejes caer. Cada vez que pecamos, se nos cae. Nos podemos ofrecer a él con generosidad. Un bebé trae lo mejor de nosotros. No podemos decirle que no. En frente del niño no podemos aparentar o pretender. Debemos ser nosotros mismos. Lo primero que nos dice cuando nos acercamos a él es: quítate ese disfraz; se lo que eres, un niño como yo.

    Quizás lo mejor que podemos hacer es sentarnos en un rinconcito de la cueva, sin estorbar, y, escondidos detrás de las sombras, contemplar como María cuida a su hijo. Es una escena maravillosa, conmovedora. Lo atiende sabiendo que es Dios y hombre. Nos enseña a cómo tratarle en su humanidad y en su divinidad. No puedes cansarte, mirando al niño y a su madre. Muchos artistas han intentado captar ese momento. Nuestra imaginación es más poderosa.

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  • Cuarto Domingo de Adviento
    Dec 18 2025

    Cuarto Domingo de Adviento

    ¿Qué le ocurrió a José? Fue el último que se enteró acerca de la buena nueva. La gente vino a felicitarle y él no sabía nada. Hizo como si se alegrara, pero se quedó confundido y engañado. María guardaba silencio; dejó que Dios siguiera sus planes. Lo miraba con cara de preocupación. José intentó varias veces preguntarle, pero no se decidió. Dios envía pruebas a los que ama. Si encuentras obstáculos en tu camino, Dios sabe lo que hace. Si las dificultades son de gran tamaño, quiere decir que te está preparando para algo más importante.

    José no juzgó a María, no podía. Sabía que esperaba un bebé, pero no sabía explicarlo. Ella era tan buena y tan pura, imposible de hacer algo malo. Ahora que estaba embarazada se mostraba más bella, más mujer; brillaba con luz propia, con una llama que le venía de dentro. Parecía inocente como una niña, pero estaba llena de Dios, rebosante de gracia. Pero ¿por qué se guarda el secreto para ella? ¿Por qué no le dice a José algo tan importante para los dos? Ella debe tener sus razones.

    ¿Qué puede hacer José? No puede acusarla. Ella debe estar haciendo lo que Dios le pide. José piensa asumir toda la culpa. Debe quitarse de en medio, ante algo que depende muy de Dios. Puede tomar la responsabilidad del embarazo, aparecer como el culpable y desaparecer con el delito. Pero no quiere abandonar a María, no puede. Es lo que más le cuesta. Puede asumir la culpa, pero no puede dejarla. La ama con toda su alma. Habían acordado una vida de celibato, de consagración a Dios, una vida juntos de cara a Dios. Los dos habían encontrado al otro con los mismos deseos. Este embarazo ha trastocado todos sus planes. Y ella actúa como si no pasara nada, preocupada, pero con paz y serena.

    José nos da un ejemplo maravilloso de cómo no juzgar. Dios es el que juzga. No nos toca a nosotros hacerlo. No tenemos todos los datos, no conocemos todas las circunstancias. Aunque pensamos que conocemos a la persona, que ya lo ha hecho antes, tenemos la experiencia de que a veces nos equivocamos. Somos rápidos en juzgar y lentos en perdonar. Cuando nos cueste no juzgar, podemos acudir a José, que nos da un ejemplo maravilloso, para que nos ayude a suspender el juicio.

    José se va a dormir sin encontrar una solución a su problema. Aunque le cuesta conciliar el sueño, antes o después se queda dormido. Es cuando el ángel aprovecha, y se le aparece en sueños. Mientras duerme le explica que el embarazo de María es obra del Espíritu Santo. Debe ser el arcángel San Gabriel, que es el ángel conectado con los eventos de la encarnación. Dios se comunica con José mediante sueños. En cuatro ocasiones le revela sus planes. Lo representamos a veces durmiendo a pierna suelta. No es que sea perezoso, sino que está abierto a la voluntad de Dios. Si no descansamos bien, si nos vamos a dormir a altas horas de la noche, nos costará oír la voz de Dios. José nos da dos ejemplos maravillosos: no juzgar y no pensar mal.

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  • Tercer Domingo de Adviento
    Dec 9 2025

    Tercer Domingo de Adviento A

    “Tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y las tardías. Tened también vosotros paciencia.” Hoy, en la segunda lectura, la carta de Santiago nos anima a ser pacientes. Esperamos al Señor, pero no sabemos cuándo viene. Sabemos que nacerá en Navidad, pero no sabemos cuándo vendrá a recogernos, a llevarnos al lugar que ha preparado para cada uno de nosotros. Tiene mucha ilusión de enseñárnoslo, pero no estamos bien dispuestos, porque todavía estamos aquí.

    La paciencia es una virtud de la que no hablamos con frecuencia. No es algo que nos hace famosos, algo de lo que nos enorgullecemos, pero nos hace falta a todos. Estamos rodeados de personas que nos cuesta aguantar: en el trabajo, en casa, entre nuestros amigos y familiares, en la iglesia, en la calle, esperando en la cola, conduciendo el coche o cuando nos hacen esperar en una llamada de teléfono. Nos enfadamos, nos frustramos, y perdemos la paz. Nos hace falta la paciencia para conservar la serenidad y alegría interior.

    Es importante descubrir que Dios es paciente con nosotros. Cuando a los padres les nace el primer bebé, les cambia sus vidas completamente, pues es un trabajo de veinte cuatro horas al día. Crecen en la virtud de la paciencia, gracias al amor que sienten por sus hijos. El amor hace que los padres hagan por sus hijos cosas que no estamos dispuestos a hacer por los demás. Un bebé es siempre adorable y saca lo mejor de nosotros. Pero hacer lo mismo por los ancianos hace falta mucha caridad cristiana. El recordar lo que han hecho nuestros padres por nosotros, nos ayuda a cuidarlos cuando se hacen mayores.

    Lo mismo ocurre con Dios. Cuando lo vemos como Padre, nos damos cuenta de que todo lo que nos ocurre tiene un significado. Deja que nos ocurran cosas, utiliza nuestra tozudez para sacar algo bueno, organiza las cosas de manera que, aunque no nos gusten, nos ayudan a la larga. Somos niños pequeños que no nos damos cuenta del alcance eterno de las cosas, y muchas veces nos rebelamos. Cuando profundizamos en nuestras vidas, comenzamos a entender lo que Dios ha hecho por nosotros. Tiene un plan que abarca toda nuestra vida. Nosotros somos impacientes y queremos las cosas aquí y ahora. Cuando vemos que paciente es Dios con nosotros, podemos aprender a ser pacientes con los demás. Dios trabaja con nosotros y debemos esperar a la otra vida para entender las cosas completamente.

    Para esta virtud es bueno ir a nuestra Madre Santa María. Madres son una escuela de paciencia. Se puede ver cómo cambian las mujeres cuando tienen hijos, como crecen y maduran. Contemplando a María cuidando al Niño Jesús, podemos aprender a ser pacientes con los demás.

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  • Segundo Domingo de Adviento
    Dec 2 2025

    Segundo Domingo de Adviento

    Hoy la Iglesia nos presenta a San Juan Bautista como modelo a seguir. Era el Precursor, aquel que venía primero. Su misión fue abrir los caminos del Señor, ser testigo de la luz, preparar los corazones de los hombres para que Cristo pudiera entrar. Nuestra misión es seguirle los pasos. Él vino hace dos mil años; ahora nos toca a nosotros. ¿Cómo podemos hacerlo, si hemos perdido nuestro camino y nuestra vida está llena de oscuridad? Primero debemos encontrar el camino, y estar seguros de que nuestra alma esté llena de luz. Eso es lo que tenemos que hacer estos días. Esta es nuestra misión para el Adviento. Juan el Bautista nos abre camino con su ejemplo.

    No es fácil ser precursor, abrir los caminos, ir delante anunciando la venida de otro, ser puente entre dos lados. Llamamos al Papa Pontífice, que significa constructor de puentes. Los cristianos estamos llamados a construir puentes entre la gente, a anunciar a Cristo al mundo, a ser lámparas que alumbran en medio de la oscuridad de nuestra sociedad atea. Juan el Bautista nos dirige a la eternidad y otra gente puede seguir nuestros pasos. No es fácil encontrar la puerta angosta que lleva al paraíso.

    ¿Qué es lo que hizo Juan? Se fue al desierto, para encontrar silencio, soledad y simplicidad. Comió langostas y miel silvestre, y se vistió con pelo de camello. Debemos buscar un lugar solitario alrededor de nosotros, donde podemos hablar en silencio, el lenguaje de Dios; encontrar la soledad para estar solos con Dios; y vivir una vida simple, como Juan el Bautista. En este tiempo de Adviento, debemos encontrar ese lugar donde desarrollar nuestra vida espiritual, para ver las cosas con ojos diferentes, los ojos de Dios. Comemos langostas, cosas que no nos gustan, nos vestimos con piel de camello, la modestia, y buscamos la miel, la dulzura de Dios.

    Juan el Bautista era un hombre duro, fuerte. No nos gustaría encontrarnos con él a solas en el desierto. Su cuerpo parecía formado de raíces de árboles; su piel era áspera y quemada por el sol; sus ojos emitían un fuego profético. No podríamos sostener su mirada. Sólo Jesús lo hizo, cuando Juan no quiso bautizarlo. Estuvieron a punto de pelearse. Para seguir al Bautista hace falta el don de la fortaleza, para no tener miedo a los enemigos de fuera, para poder defender la verdad, aunque nos cueste la cabeza como a él. Fortaleza es el único don del Espíritu Santo que es también una virtud cardinal.

    San Juan Bautista es el único santo que lo celebramos dos veces al año, su nacimiento y su martirio. Normalmente celebramos de los santos el diez natalis, su nacimiento a la vida eterna, cuando acaban su vida terrena. Pero el Bautista, ante de que naciera, fue santificado en el seno de su madre, cuando Isabel se encontró con la madre de Jesús, las dos embarazadas. Así es como los dos bebes se encontraron y Juan salto de gozo lleno del Espíritu Santo. Nosotros, al contrario, hemos sido nacidos en el pecado, y tenemos que esperar a morir, para volver al seno de Dios. Ahora estamos esperando con gran expectación el nacimiento de Jesús, que está todavía en el seno de su madre. Deberíamos seguir las huellas de María para asistir a su nacimiento.

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