Santa María Madre de Dios Podcast Por  arte de portada

Santa María Madre de Dios

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Santa María Madre de Dios

Comenzamos el año con María nuestra madre. Celebramos su fiesta más importante: su maternidad divina, Madre de Dios. Hoy solíamos celebrar el nombre de Jesús, Manuel, pero la Iglesia se dio cuenta de que cuando tenemos un bebé, tenemos una madre. Ella es la más importante. No hay bebé sin madre. Jesús no puede hacer nada sin ella. El niño Dios tuvo conciencia de sí mismo al sentir otra persona cuidándole. Su identidad vino de los afectos y cuidados de María. Ella le alimentó con su leche, le mantuvo caliente en sus brazos, le cambió los pañales, le cantó canciones de cuna, le meció en su cuna, le enseñó a hablar y le siguió en sus primeros pasos.

Hoy celebramos esta fiesta porque hace nueve meses María dijo que si a Dios. Fue el principio de la encarnación, cuando Dios se hizo hombre. Tomó nuestra carne y vino al mundo de la misma manera que todos venimos. Fue el principio de nuestra salvación, la obra de la redención. Y todo comenzó cuando una mujer joven, casi niña, respondió a la llamada de Dios. Nos recuerda de la importancia de seguir los planes de Dios, sin tener en cuenta sus consecuencias. Dios suele condicionar sus planes a la generosidad de nuestra correspondencia.

El dogma de la maternidad divina de María fue definido en el año 431, durante el Concilio de Éfeso. Fue necesario porque algunos la llamaban Madre de Jesús. Pero la lógica es clara: si ella es la madre de Jesús, y Jesús es Dios, ella es la madre de Dios. No de su divinidad, sino de la persona de Jesucristo. Esta es una verdad más importante de lo que parece, pues tiene consecuencias esenciales para nosotros. Nos acerca a nuestra madre y en consecuencia a Jesús. Ella es nuestra madre, la madre de Jesús y madre nuestra, la madre de todos los seres humanos. Jesús es nuestro hermano mayor y así nosotros nos convertimos en hijos e hijas de Dios.

Cuánto más cerca estamos de María, más cerca estamos de Jesús. Para llegar al niño Dios, debemos pasar por su madre. No la podemos circunvalar. Ella es un atajo. Es una pena contraponer María con su hijo. El demonio trata de separarnos de ella, porque sabe el poder que tiene a través de su hijo. Fue profetizado desde el principio, cuando la serpiente atacó a Eva, que vendría una nueva Eva a restablecer lo caído. Cuánto más cerca de María estamos, más seguros nos encontramos. Los niños tienen esa reacción natural de no distanciarse de sus madres.

San Josemaría mostraba tal amor a la Virgen que casi se podía tocar. Decía a sus hijos espirituales que si en algo podían imitarle era en su devoción a María. Escribió en Camino: “A Jesús siempre se va y se vuelve por María.” Una vez alguien le preguntó si volvería a escribir ese punto, pensando que era un poco fuerte. Dijo que si, pero luego se lo pensó dos veces y dijo: “Ahora escribiría otro: María el único camino.”

josephpich@gmail.com

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