Episodios

  • El agujero
    Apr 12 2026
    Cuando a Alexis St. Martin le dijeron que querían verle el agujero, no se imaginaba que aquello iba a escribir líneas de reflexión sobre los límites del conocimiento científico. No por lo que hoy sabemos de él, sino por cómo se llegó a saberlo. A veces, el progreso ha avanzado gracias a la casualidad; otras, empujado por decisiones que hoy nos incomodan profundamente. A lo largo de la historia, los accidentes han sido una fuente inesperada de información científica. Caídas, heridas, errores técnicos o simples infortunios han abierto puertas al conocimiento del cuerpo humano, de la enfermedad y de la vida misma. Muchos de esos avances han contribuido de forma decisiva al bienestar colectivo. Sin embargo, no todo progreso ha sido limpio, ni todo descubrimiento ha respetado la dignidad de las personas implicadas. En nombre de la ciencia, se han cruzado líneas morales que hoy nos parecen inaceptables. Algunas veces, los accidentes eran reales, fortuitos, imposibles de prever. En otras, se forzaban situaciones extremas para justificar investigaciones que ya habían decidido sus conclusiones antes de empezar. El experimento médico Alexis St. Martin se mueve en ese terreno incómodo donde la curiosidad científica convive con una profunda desigualdad de poder entre quien investiga y quien es investigado. Durante siglos, la ética fue un concepto difuso en los laboratorios. La idea de consentimiento informado, de derechos del paciente o de límites claros simplemente no existía. El cuerpo humano se entendía como un objeto de estudio antes que como una realidad personal y vulnerable. Y eso dejó cicatrices que todavía hoy nos obligan a mirar atrás con espíritu crítico. Por suerte, el presente es distinto. Existen comités éticos, protocolos estrictos y una conciencia mucho más clara de que no todo vale, aunque el objetivo sea el conocimiento. La ciencia actual avanza, sí, pero lo hace —o debería hacerlo— sin sacrificar la dignidad humana en el camino. Esa es una conquista colectiva que no conviene dar por sentada. Escucha este programa. Lo del experimento médico Alexis St. Martin es uno de esos casos que ayudan a entender por qué hoy existen límites tan claros. No para recrearnos en el morbo ni en el detalle, sino para pensar qué tipo de progreso queremos y a qué precio. Quizá sea tarde para el pobre Alexis, pero no para aprender de ellos. ¡Ah, que se nos olvidaba! Tal y como decimos en el programa, os dejamos en nuestra web el enlace al libro del Dr. Beaumont «Experimentos y observaciones sobre el jugo gástrico y la fisiología de la digestión»: https://totuspodcast.com/el-agujero/
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    13 m
  • The Rock of the Rings
    Apr 5 2026
    Hay mundos imaginarios que no se conforman con habitar las páginas de un libro. Se filtran, poco a poco, en la música que escuchamos, en las imágenes que nos rodean y hasta en la manera en que concebimos ciertos paisajes urbanos. La Tierra Media de Tolkien es uno de esos lugares que se resisten a quedarse quietos, y su eco ha resonado durante décadas en ámbitos artísticos muy diversos. La literatura fantástica, y en especial la obra de J. R. R. Tolkien, ha ejercido una influencia silenciosa pero constante en creadores de distintas disciplinas. No solo ha inspirado relatos, ilustraciones o adaptaciones cinematográficas; también ha servido como combustible creativo para movimientos culturales enteros. Uno de los más llamativos es el que conecta la épica fantástica con determinadas corrientes musicales surgidas en la segunda mitad del siglo XX. El rock y metal tolkieniano nace como una forma de canalizar emociones, mitologías y conflictos universales a través del sonido. La épica, la lucha entre la luz y la oscuridad, la caída y la redención, o el peso del destino son temas que encuentran un terreno fértil tanto en la narrativa fantástica como en ciertos estilos musicales de gran intensidad expresiva. Y para muchos no hay mejor escenario para ello que la Tierra Media de Tolkien. Pero esta relación entre fantasía y creación artística no se limita al ámbito sonoro. Basta con recorrer museos o galerías para encontrar pinturas y esculturas que reinterpretan mundos imaginarios con lenguajes visuales muy distintos. El cine, por su parte, ha convertido la fantasía literaria en un fenómeno global, capaz de definir estéticas completas y marcar generaciones. Incluso el diseño urbanístico, en ocasiones, bebe de imaginarios fantásticos para dar forma a espacios que parecen sacados de un relato épico. Así que esta semana vamos a profundizar en este cruce entre literatura y música, explorando cómo ciertos universos narrativos han servido de motor creativo y han contribuido a definir identidades artísticas muy concretas. ¡No te pierdas este programa!
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    16 m
  • ¿Quién es quién?
    Mar 29 2026
    El caso Bruneri-Canella parte de una pregunta tan sencilla como perturbadora: ¿y si no somos tan únicos como creemos? Basta con mirar a alguien dos veces para que surja la duda. A todos nos ha pasado: ver a una persona por la calle y pensar que es alguien conocido, solo para descubrir, segundos después, que no lo es. O quizá sí… pero no exactamente. Vivimos rodeados de parecidos razonables. Rostros que se repiten, gestos que se calcan, voces que engañan. Existe incluso la idea popular de que cada persona tiene un doble en algún lugar del mundo. No es una teoría científica, pero sí una intuición compartida. Y como ocurre con todas las intuiciones poderosas, ha dado lugar a anécdotas tan divertidas como inquietantes. Algunos parecidos juegan a favor: amistades que empiezan por una confusión, fotos imposibles, bromas recurrentes. Otros, en cambio, se convierten en una carga. Hay personas a las que su semejanza con un famoso, o peor aún, con un delincuente, les ha complicado la vida. Miradas desconfiadas, explicaciones innecesarias, incluso problemas legales. El rostro, que debería ser una carta de presentación, se transforma entonces en una trampa. No faltan tampoco quienes han sabido aprovechar estos parecidos para sacar ventaja. Suplantaciones, engaños menores, historias de “dar coba” apoyadas en una coincidencia física. No hace falta una gran conspiración: a veces basta con parecerse lo suficiente y encontrar a alguien dispuesto a creer. La identidad, tan sólida en apariencia, resulta ser más frágil de lo que pensamos. El caso Bruneri-Canella se mueve precisamente en ese territorio resbaladizo donde la certeza se difumina. No vamos a entrar aquí en los detalles, porque perdería gracia. Lo interesante no es el expediente, sino la sensación que deja: esa incomodidad suave pero persistente que aparece cuando la evidencia visual deja de ser fiable. Cuando dos personas se parecen demasiado, la lógica empieza a tambalearse. Este tipo de historias nos obligan a hacernos preguntas incómodas. ¿Cuánto de lo que creemos saber sobre alguien se apoya solo en su apariencia? ¿Hasta qué punto confiamos en nuestra percepción? No es casual que estos casos sigan despertando interés un siglo después. Tocan algo muy profundo: la necesidad de saber quién es quién.
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    15 m
  • Juan XXI - El "papa de los médicos" - Episodio exclusivo para mecenas
    Mar 26 2026
    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! En Extra Omnes llegamos al tercer episodio y ponemos la mirada en Juan XXI, un papa rodeado de curiosidades. Cambió algunos aspectos de las normas de los cónclaves y su identidad, así como la elección de su nombre papal, han dado pie a más de una sorpresa histórica. Un capítulo lleno de detalles que merece la pena descubrir escuchando el programa.
    Escucha este episodio completo y accede a todo el contenido exclusivo de Totus Pódcast. Descubre antes que nadie los nuevos episodios, y participa en la comunidad exclusiva de oyentes en https://go.ivoox.com/sq/2369530
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    10 m
  • ¿Por qué el amanecer sabe a tu café favorito?
    Mar 22 2026
    El primer sorbo de café de la mañana tiene algo de ritual y algo de misterio. Incluso su propio sabor distintivo. A veces basta abrir los ojos, mirar por la ventana y acercar la taza para notar que ese café de siempre sabe distinto. No es que hayas cambiado la marca ni la molienda ni la cafetera. Es el mismo café de ayer. Y, sin embargo, hoy ocurre otra cosa. Aquí es donde psicología y gastronomía empiezan a trabajar codo con codo con disciplinas que, a primera vista, parecerían ajenas al desayuno: la filología y la biología. La biología nos explica cómo funcionan los receptores sensoriales y cómo se integran las señales. La psicología observa cómo las expectativas y la memoria influyen en la percepción. Y la filología aporta una pieza decisiva: el lenguaje. Las palabras con las que describimos un sabor no solo lo explican, también lo moldean. En el programa de esta semana de Totus Pódcast, esta combinación poco habitual se pone sobre la mesa con calma y curiosidad. Psicología, gastronomía, filología y biología se dan la mano para hablar de percepción, lenguaje y gusto sin solemnidad y con el placer de quien disfruta pensando lo cotidiano. Si te interesa cómo el cerebro interpreta lo que comes y bebes, este episodio es una invitación a escuchar con atención… y a saborear con otra mirada. Después de escucharlo, no te extrañe que ese mismo café que compraste ayer tenga un sabor distinto cada vez que te prepares una taza por la mañana. Tal vez no sea culpa de la cafetera, ni del agua, ni de la molienda. Tal vez sea cosa del cerebro… o del modo en que hablamos de lo que bebemos. Porque cuando se sabe a qué sabe lo que debe saber bien, el café (y casi todo lo demás) se disfruta de otra manera.
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    14 m
  • El mapa de Vinland
    Mar 15 2026
    El mapa de Vinland vuelve a situarnos ante una de esas historias que incomodan las certezas cómodas y obligan a mirar el pasado con algo más de cautela. En el programa de esta semana abordamos la trayectoria de este célebre documento, no para desvelar sus secretos —eso queda reservado al episodio—, sino para reflexionar sobre por qué sigue despertando tanto interés y qué dice de nuestra manera de contar la historia. Cuando se habla del llamado “descubrimiento de América”, el relato canónico suele fijar una fecha concreta: el 12 de octubre de 1492. Aquella travesía de las tres carabelas comandadas por Cristóbal Colón está sólidamente documentada y constituye el punto de partida de un proceso histórico de enorme alcance. Ninguna hipótesis alternativa ha conseguido, hasta hoy, desbancar esa cronología ni ese viaje concreto como hecho histórico verificable. Sin embargo, la historia no avanza solo a golpe de certezas, sino también de preguntas. Desde hace décadas aparecen objetos, textos, mapas y restos arqueológicos que invitan a pensar en contactos previos entre Europa y el continente americano. Algunos se presentan como hallazgos revolucionarios; otros, como simples curiosidades eruditas. El problema no suele estar en la pregunta, sino en la respuesta precipitada. La mayor parte de estos elementos no resiste un análisis riguroso de fuentes, contexto y documentación comparada. El interés que suscitan documentos como el mapa de Vinland se explica, en buena medida, por ese deseo persistente de reescribir el origen de los grandes relatos históricos. La idea de que alguien “llegó antes” resulta atractiva, casi irresistible. Pero la historia, como disciplina académica, no se sostiene sobre intuiciones ni sobre anhelos, sino sobre pruebas contrastadas y consensos construidos con método. Conviene recordar, además, que el propio concepto de “descubrimiento” merece una reflexión pausada. América no era un espacio vacío a la espera de ser señalado en un mapa europeo. Millones de personas vivían allí, con culturas complejas, lenguas diversas y sistemas políticos propios. Hablar de descubrimiento dice más de quien narra la historia que de quienes ya habitaban el territorio. Pero bueno, para no ahondar más en el tema, nos quedamos con lo que pasó cuando hallaron el mapa de Vinland. ¡Escucha este episodio!
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    15 m
  • ¿Dónde Bach con mantón de Manila?
    Mar 8 2026
    Así, sin anestesia, comienza esta historia que en nuestro programa semanal se aborda con una mezcla deliberadamente lisérgica de curiosidad, humor y amor por la música. Dos mundos que parecen no tener nada que ver entre sí, separados por siglos, estilos y contextos culturales, se ponen a dialogar sin pedir permiso. ¿El resultado? Tan improbable como sugerente: "¿Dónde Bach con mantón de Manila?" Johann Sebastian Bach nació en 1685 en Eisenach, en el corazón de una Alemania todavía fragmentada en principados. Su vida fue la de un artesano de la música: organista, maestro de capilla, pedagogo incansable y compositor prolífico. No buscó la fama, pero terminó construyendo uno de los pilares más sólidos de la música occidental. Su obra ordena el caos, da forma matemática a la emoción y convierte la disciplina en belleza sonora. Durante mucho tiempo fue visto como un músico del pasado, hasta que el siglo XIX lo rescató para colocarlo en el lugar que hoy ocupa: el de referente absoluto. Bach representa una forma de entender la música como lenguaje universal, capaz de atravesar épocas y geografías. Sus fugas, sus corales y sus conciertos siguen dialogando con oyentes muy distintos entre sí. No es extraño que su influencia haya llegado a lugares insospechados, aunque algunos cruces resulten, de entrada, difíciles de imaginar. Y aquí es donde el relato aterriza —con un pequeño giro— en Madrid. En sus calles, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, se fue forjando una música popular que terminó convirtiéndose en seña de identidad: el chotis. Llegado desde Europa central, el baile fue adoptado, transformado y finalmente hecho propio por la capital. El chotis no es solo música: es gesto, ironía, escena urbana y memoria compartida. Es una manera de habitar la ciudad y de contarse a sí misma. Entre el Barroco alemán y la música castiza madrileña media un abismo histórico. Nadie pretende disimularlo. Reconocemos desde el principio que las dos historias están tan alejadas como parecen. Pero también lanzamos una pregunta que actúa como detonante: ¿y si hubiera algo de Bach en el chotis? No una copia, no una influencia directa, sino un eco, una forma de entender el ritmo, la estructura o el diálogo musical. Ese posible encuentro, sugerido más que explicado, es el que se explora en el episodio. ¡Y os podemos asegurar que no lo hemos conseguido! Pero... ¿¡y lo que nos hemos divertido grabando este programa!?
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    14 m
  • Cuando casi se fue todo al…
    Mar 1 2026
    Vivimos con la sensación de que el mundo avanza sobre terreno firme, pero no siempre es así. A lo largo de la historia reciente hemos atravesado momentos críticos sin apenas ser conscientes. Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas o fenómenos climáticos extremos forman parte del relato habitual de los grandes peligros que acechan a la humanidad. Frente a ellos, la ciencia y la tecnología trabajan sin descanso para anticipar daños, reducir víctimas y paliar consecuencias. Sistemas de alerta temprana, protocolos de evacuación y estudios predictivos salvan vidas cada año. Aun así, contra la fuerza de la naturaleza solo cabe prepararse y resistir. Sin embargo, no todos los grandes riesgos que ha afrontado el mundo han nacido de la tierra, del mar o del cielo. Algunos han sido fruto directo de decisiones humanas, errores de cálculo, fallos técnicos o simples malentendidos. Situaciones creadas por nosotros mismos y que, por suerte, se resolvieron a tiempo. Durante décadas, el equilibrio internacional se sostuvo sobre una tensión constante. Sistemas diseñados para proteger podían, en determinadas circunstancias, convertirse en la chispa de una catástrofe global. Bastaba una lectura incorrecta, una alarma mal interpretada o una orden mal transmitida para desencadenar consecuencias irreversibles. No es una exageración ni un recurso narrativo: existen registros oficiales que lo demuestran, como puede comprobarse en estudios históricos y documentos desclasificados disponibles en fuentes abiertas como Wikipedia. Lo inquietante no es solo que estos momentos existieran, sino que la mayoría de la población jamás supo que ocurrieron. La vida siguió con normalidad mientras, en algún despacho o sala de control, alguien tuvo que decidir entre apretar un botón o detenerse a pensar unos segundos más. Episodios que nos recuerdan que el progreso tecnológico exige responsabilidad, y que el verdadero peligro no siempre viene de fuera, sino de nuestras propias acciones. ¡Pa habernos matao!
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    14 m