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TOTUS PÓDCAST es un proyecto de dos amigos con intereses muy variados y bizarros. Nos encanta la historia, pero la historia escrita por anécdotas y personajes que suelen escapar a los libros de la historia canónica. Nos encanta la literatura, el cine, el arte Y el humor. No sabemos hacer nada con el ceño fruncido (a no ser que estemos comiendo limones o mazapán). TOTUS PÓDCAST es entretenimiento. Nuestro objetivo es pasarlo bien. Hablamos sobre lo que nos gusta y lo hacemos desde la alegría. No estamos aquí por la violencia inherente al sistema. TOTUS PÓDCAST será también lo que tú quieras que sea. Una de nuestras metas es crear una comunidad de gente que quiera compartir desde la alegría y no desde el resentimiento. Compartir historias, anécdotas, ideas, chicharrones. ¡Lo que sea! ¿Cómo nos puedes apoyar? Además de escucharnos y seguirnos en nuestras redes sociales, también puedes hacerte fan aquí en iVoox (¡desde solo 1,99 al mes!). De esta manera también accederás a episodios exclusivos y... ¡a otras ventajas! ¡Gracias por acordarte de TOTUS PÓDCAST!© 2026 Totus Pódcast Mundial
Episodios
  • El agujero
    Apr 12 2026
    Cuando a Alexis St. Martin le dijeron que querían verle el agujero, no se imaginaba que aquello iba a escribir líneas de reflexión sobre los límites del conocimiento científico. No por lo que hoy sabemos de él, sino por cómo se llegó a saberlo. A veces, el progreso ha avanzado gracias a la casualidad; otras, empujado por decisiones que hoy nos incomodan profundamente. A lo largo de la historia, los accidentes han sido una fuente inesperada de información científica. Caídas, heridas, errores técnicos o simples infortunios han abierto puertas al conocimiento del cuerpo humano, de la enfermedad y de la vida misma. Muchos de esos avances han contribuido de forma decisiva al bienestar colectivo. Sin embargo, no todo progreso ha sido limpio, ni todo descubrimiento ha respetado la dignidad de las personas implicadas. En nombre de la ciencia, se han cruzado líneas morales que hoy nos parecen inaceptables. Algunas veces, los accidentes eran reales, fortuitos, imposibles de prever. En otras, se forzaban situaciones extremas para justificar investigaciones que ya habían decidido sus conclusiones antes de empezar. El experimento médico Alexis St. Martin se mueve en ese terreno incómodo donde la curiosidad científica convive con una profunda desigualdad de poder entre quien investiga y quien es investigado. Durante siglos, la ética fue un concepto difuso en los laboratorios. La idea de consentimiento informado, de derechos del paciente o de límites claros simplemente no existía. El cuerpo humano se entendía como un objeto de estudio antes que como una realidad personal y vulnerable. Y eso dejó cicatrices que todavía hoy nos obligan a mirar atrás con espíritu crítico. Por suerte, el presente es distinto. Existen comités éticos, protocolos estrictos y una conciencia mucho más clara de que no todo vale, aunque el objetivo sea el conocimiento. La ciencia actual avanza, sí, pero lo hace —o debería hacerlo— sin sacrificar la dignidad humana en el camino. Esa es una conquista colectiva que no conviene dar por sentada. Escucha este programa. Lo del experimento médico Alexis St. Martin es uno de esos casos que ayudan a entender por qué hoy existen límites tan claros. No para recrearnos en el morbo ni en el detalle, sino para pensar qué tipo de progreso queremos y a qué precio. Quizá sea tarde para el pobre Alexis, pero no para aprender de ellos. ¡Ah, que se nos olvidaba! Tal y como decimos en el programa, os dejamos en nuestra web el enlace al libro del Dr. Beaumont «Experimentos y observaciones sobre el jugo gástrico y la fisiología de la digestión»: https://totuspodcast.com/el-agujero/
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    13 m
  • The Rock of the Rings
    Apr 5 2026
    Hay mundos imaginarios que no se conforman con habitar las páginas de un libro. Se filtran, poco a poco, en la música que escuchamos, en las imágenes que nos rodean y hasta en la manera en que concebimos ciertos paisajes urbanos. La Tierra Media de Tolkien es uno de esos lugares que se resisten a quedarse quietos, y su eco ha resonado durante décadas en ámbitos artísticos muy diversos. La literatura fantástica, y en especial la obra de J. R. R. Tolkien, ha ejercido una influencia silenciosa pero constante en creadores de distintas disciplinas. No solo ha inspirado relatos, ilustraciones o adaptaciones cinematográficas; también ha servido como combustible creativo para movimientos culturales enteros. Uno de los más llamativos es el que conecta la épica fantástica con determinadas corrientes musicales surgidas en la segunda mitad del siglo XX. El rock y metal tolkieniano nace como una forma de canalizar emociones, mitologías y conflictos universales a través del sonido. La épica, la lucha entre la luz y la oscuridad, la caída y la redención, o el peso del destino son temas que encuentran un terreno fértil tanto en la narrativa fantástica como en ciertos estilos musicales de gran intensidad expresiva. Y para muchos no hay mejor escenario para ello que la Tierra Media de Tolkien. Pero esta relación entre fantasía y creación artística no se limita al ámbito sonoro. Basta con recorrer museos o galerías para encontrar pinturas y esculturas que reinterpretan mundos imaginarios con lenguajes visuales muy distintos. El cine, por su parte, ha convertido la fantasía literaria en un fenómeno global, capaz de definir estéticas completas y marcar generaciones. Incluso el diseño urbanístico, en ocasiones, bebe de imaginarios fantásticos para dar forma a espacios que parecen sacados de un relato épico. Así que esta semana vamos a profundizar en este cruce entre literatura y música, explorando cómo ciertos universos narrativos han servido de motor creativo y han contribuido a definir identidades artísticas muy concretas. ¡No te pierdas este programa!
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    16 m
  • ¿Quién es quién?
    Mar 29 2026
    El caso Bruneri-Canella parte de una pregunta tan sencilla como perturbadora: ¿y si no somos tan únicos como creemos? Basta con mirar a alguien dos veces para que surja la duda. A todos nos ha pasado: ver a una persona por la calle y pensar que es alguien conocido, solo para descubrir, segundos después, que no lo es. O quizá sí… pero no exactamente. Vivimos rodeados de parecidos razonables. Rostros que se repiten, gestos que se calcan, voces que engañan. Existe incluso la idea popular de que cada persona tiene un doble en algún lugar del mundo. No es una teoría científica, pero sí una intuición compartida. Y como ocurre con todas las intuiciones poderosas, ha dado lugar a anécdotas tan divertidas como inquietantes. Algunos parecidos juegan a favor: amistades que empiezan por una confusión, fotos imposibles, bromas recurrentes. Otros, en cambio, se convierten en una carga. Hay personas a las que su semejanza con un famoso, o peor aún, con un delincuente, les ha complicado la vida. Miradas desconfiadas, explicaciones innecesarias, incluso problemas legales. El rostro, que debería ser una carta de presentación, se transforma entonces en una trampa. No faltan tampoco quienes han sabido aprovechar estos parecidos para sacar ventaja. Suplantaciones, engaños menores, historias de “dar coba” apoyadas en una coincidencia física. No hace falta una gran conspiración: a veces basta con parecerse lo suficiente y encontrar a alguien dispuesto a creer. La identidad, tan sólida en apariencia, resulta ser más frágil de lo que pensamos. El caso Bruneri-Canella se mueve precisamente en ese territorio resbaladizo donde la certeza se difumina. No vamos a entrar aquí en los detalles, porque perdería gracia. Lo interesante no es el expediente, sino la sensación que deja: esa incomodidad suave pero persistente que aparece cuando la evidencia visual deja de ser fiable. Cuando dos personas se parecen demasiado, la lógica empieza a tambalearse. Este tipo de historias nos obligan a hacernos preguntas incómodas. ¿Cuánto de lo que creemos saber sobre alguien se apoya solo en su apariencia? ¿Hasta qué punto confiamos en nuestra percepción? No es casual que estos casos sigan despertando interés un siglo después. Tocan algo muy profundo: la necesidad de saber quién es quién.
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    15 m
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