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La ruta del dinero

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La inversión es uno de los viajes más apasionantes que se puede y debe emprender en la vida. Nos conduce a destinos tan increíbles como inseguros, y por esa obligación y necesidad de saber dónde nos adentramos queremos decubrir el mapa del dinero, el mapa de las oportunidades y riesgos. Acompáñanos para enfrentarte a esas decisiones tan importantes que deben permitir que nuestro ahorro crezca en relación a los objetivos que nos hemos marcado.Copyright elEconomista Economía
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  • La invasión china de Taiwán, el cisne negro que los mercados aún no han descontado
    Jan 15 2026
    Mientras los mercados financieros arrancan 2026 instalados en una sorprendente calma, el tablero geopolítico se reordena a una velocidad que recuerda más a una partida de ajedrez de alto riesgo que a un ajuste gradual del orden mundial. Estados Unidos, China y Rusia parecen repartirse zonas de influencia con una naturalidad inquietante, mientras Europa observa desde la barrera, cada vez con menos peso estratégico. En ese contexto, hay un escenario que los analistas empiezan a señalar como el auténtico cisne negro global: una invasión china de Taiwán.A diferencia de otros conflictos recientes —la guerra de Ucrania, la intervención estadounidense en Venezuela o incluso las tensiones en Groenlandia e Irán—, los mercados bursátiles han demostrado una capacidad casi asombrosa para mirar hacia otro lado. Las bolsas globales apenas reaccionaron a la invasión rusa de Ucrania; el verdadero impacto se concentró en las materias primas, especialmente en la energía. Hoy, el petróleo vuelve a moverse en un rango relativamente bajo, favorecido por la estrategia de Donald Trump de forzar una energía barata para contener la inflación y allanar futuras bajadas de tipos de interés. Pero Taiwán es otra historia.El consenso del mercado suele reducir Taiwán a un único nombre: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). No es para menos. Un control chino sobre la mayor fundición de chips del mundo supondría un golpe directo al corazón del sector tecnológico global, afectando desde Nvidia hasta el conjunto de la cadena de valor de la inteligencia artificial. A diferencia de otros choques geopolíticos, aquí sí habría un impacto inmediato y visible en las bolsas, especialmente en el Nasdaq.El verdadero cisne negroPero ese no es el verdadero cisne negro. El riesgo sistémico más profundo no está en los chips, sino en el mercado de deuda estadounidense. Taiwán es, de forma poco conocida, un gran tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos. No a través de su banco central —por eso no aparece en los rankings habituales—, sino mediante aseguradoras y ahorradores privados. Es un mercado con una elevada penetración del ahorro financiero en deuda estadounidense.En caso de una invasión china, el comportamiento de estos inversores sería radicalmente distinto al de un banco central. No habría ventas ordenadas ni estratégicas. Habría pánico. Venta inmediata, sin mirar precios, para proteger el patrimonio ante un escenario de guerra. Justo lo contrario de lo que los mercados esperan en una crisis geopolítica, donde el refugio natural suele ser precisamente el bono americano.El día que el activo refugio deje de serloEse es el núcleo del cisne negro: una crisis en la que los inversores no compran bonos del Tesoro, sino que los venden de forma masiva. No se trataría de un colapso estructural —siempre hay comprador para la deuda estadounidense—, pero sí de una dislocación violenta y puntual en precios, con subidas abruptas de rentabilidades y contagio a divisas asiáticas, mercados emergentes y, por extensión, a los activos de riesgo globales.El paralelismo histórico más cercano no está en 2022, cuando bonos y bolsas cayeron a la vez por culpa de la inflación, sino en la crisis asiática de 1997. Aquella estampida de capitales acabó desembocando, un año después, en la quiebra del hedge fund LTCM y obligó a una intervención coordinada de los grandes bancos centrales. Un escenario que los mercados actuales, centrados en el crecimiento de beneficios y el rally de la inteligencia artificial, simplemente no están descontando.La sensación de fondo es que las grandes potencias actúan con una tácita aceptación mutua.Estados Unidos asegura su patio trasero en América Latina y busca recursos en Groenlandia y Argentina. Rusia consolida posiciones clave en Ucrania, ricas en tierras raras y uranio. China observa, paciente, mientras amplía su influencia en Asia-Pacífico y África. En ese reparto implícito, Taiwán aparece como la pieza que aún no se ha movido… pero que todos miran.Las referencias explícitas de Xi Jinping a la isla en su discurso de inicio de año no han pasado desapercibidas entre los analistas más atentos. Tampoco el hecho de que, hasta ahora, ni Washington ni Bruselas parezcan dispuestos a escalar el tono más allá de lo retórico.Mercados fuertes… hasta que dejan de estarloPor ahora, el mercado manda un mensaje claro: crecimiento de beneficios del 14% en Estados Unidos para 2026, flujos récord hacia ETFs de renta variable, petróleo barato, desinflación y expectativas de bajadas de tipos. Todo ello actúa como combustible para prolongar el ciclo alcista, al menos durante el primer semestre del año.Pero los cisnes negros no avisan. Y cuando llegan, no lo hacen por el canal que el consenso espera.Si China cruza el estrecho de Taiwán, el shock no vendrá solo de los semiconductores ni de la tecnología. Vendrá de un lugar mucho más profundo y ...
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  • Las lecciones de un año brillante para los mercados con España como protagonista
    Dec 18 2025
    A menos de diez sesiones para cerrar el ejercicio, los mercados financieros se preparan para echar el telón a un 2025 que ya puede calificarse, sin matices, como un año excepcional para la renta variable. Y si hay un mercado que destaca por encima del resto, ese es el español.El Ibex 35 encamina el cierre del ejercicio con una revalorización superior al 40%, lo que lo sitúa como el segundo mejor año de su historia, solo por detrás del mítico 1993, cuando la bolsa española llegó a subir más de un 50%. Pero más allá del dato absoluto, hay un hito que subraya el carácter extraordinario de 2025: la bolsa española ha logrado la mayor rentabilidad relativa frente al EuroStoxx desde que existen registros históricos, con una diferencia superior a los 30 puntos porcentuales.España no solo ha brillado en el contexto europeo, sino también a escala internacional. Dentro de los grandes mercados desarrollados, ha sido el más rentable del G20, solo superado por Corea del Sur y, en Europa, por un mercado de menor peso como el griego. En términos comparables, el parqué español ha sido uno de los grandes vencedores del año.Sin embargo, el espectacular comportamiento del Ibex contrasta con una realidad difícil de ignorar: el inversor español ha dado la espalda a su propia bolsa. Los datos de flujos son contundentes. En los últimos cinco años, los fondos de renta variable española han registrado salidas netas en 50 de los últimos 60 meses. Y noviembre de 2025 ha marcado casi un récord, con reembolsos netos superiores a los 220 millones de euros.La paradoja es mayor si se tiene en cuenta que el Ibex ha sido uno de los pocos índices capaces de seguir el ritmo del Nasdaq durante varios ejercicios consecutivos. Aun así, el partícipe español ha preferido mantenerse al margen, perdiéndose gran parte de las subidas. Un comportamiento que recuerda a las clásicas estrategias de opinión contraria: las categorías más castigadas por reembolsos suelen ofrecer, posteriormente, algunas de las mejores rentabilidades.La banca, motor del rally… y aún con recorrido.El gran protagonista del año ha sido, sin discusión, el sector financiero. En un mercado claramente bancarizado como el español, el comportamiento de entidades como Santander o BBVA —que han llegado a duplicar su cotización en 2025— ha sido clave para explicar el rally.Pese a que el viento de cola de las subidas de tipos empieza a disiparse, el sector aún cuenta con argumentos de peso. La concesión de crédito en España sigue lejos de niveles considerados “normales”, lo que deja margen para una mejora adicional de los resultados. A ello se suma un entorno de tipos que, aunque con bajadas en el corto plazo, mantiene los tipos largos en niveles elevados, un escenario históricamente favorable para los márgenes bancarios.Además, el mercado sigue atento a un posible resurgir de operaciones corporativas en 2026, tras el fracaso este año de movimientos como la opa de BBVA sobre Sabadell o la de UniCredit sobre Commerzbank.Incluso desde una perspectiva de valoración, algunos análisis apuntan a que, en un escenario optimista, el sector financiero español aún podría ofrecer un potencial adicional cercano al 40%, pese al fuerte rally acumulado.Más allá del sector bancario, 2025 ha vuelto a demostrar que la bolsa española es terreno fértil para la gestión activa. Fondos de small y mid caps han batido con claridad a los índices. El Santander Small Caps acumula una revalorización cercana al 54%, frente a una media del 35% en su categoría. Otros productos destacados, como Okavango Delta o Bestinver Bolsa, también han firmado rentabilidades muy superiores al Ibex.Los gestores coinciden en señalar oportunidades en compañías castigadas pero de alta calidad, como Viscofan, Rovi, Vidrala o Celnex, que podrían protagonizar recuperaciones relevantes si el ciclo acompaña.En el plano internacional, 2025 ha sido también un gran año para la bolsa europea, especialmente desde la óptica del inversor en euros. La depreciación del dólar —en torno al 10%— ha lastrado de forma notable la rentabilidad de la renta variable estadounidense. Mientras los fondos de bolsa europea han logrado avances cercanos al 23%, la renta variable americana apenas ha ofrecido un 2% de rentabilidad media para el inversor europeo sin cobertura de divisa.De cara a 2026, no hay un consenso claro sobre una ventaja estructural de Europa frente a Estados Unidos. Las valoraciones se han equilibrado tras las correcciones en tecnología, aunque el mercado estadounidense sigue destacando por la visibilidad de beneficios y el peso del sector tecnológico, que muchos consideran clave para un posible “final de ciclo” alcista.Dentro de la tecnología, las diferencias son notables: compañías como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta presentan potenciales atractivos según algunos modelos de valoración, mientras que otras como Tesla aparecen claramente ...
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  • La IA llega a los fondos: un sueño para el inversor y una pesadilla para la industria
    Dec 4 2025
    La irrupción de la inteligencia artificial está reconfigurando poco a poco el corazón de la industria financiera. En los fondos de inversión, en los que, durante décadas, la ventaja competitiva dependía del olfato del gestor y de complejos modelos estadísticos, los algoritmos empiezan a asumir tareas clave: desde el análisis masivo de datos, hasta la detección temprana de riesgos y la automatización de decisiones tácticas. El resultado es un cambio de paradigma que promete elevar la eficiencia, pero que también desafía los límites tradicionales del criterio humano en los mercados.Por otro lado, para los inversores también es ambivalente. Por un lado, la IA promete comisiones más ajustadas, estrategias más transparentes y personalizadas y una gestión capaz de reaccionar en milisegundos ante cambios que antes pasaban desapercibidos. Pero, al mismo tiempo, muchos partícipes temen que la creciente automatización diluya la rendición de cuentas de los gestores o que amplifique los movimientos bruscos cuando modelos similares reaccionan al unísono. Entre la eficiencia y el riesgo sistémico, los ahorradores observan con cautela cómo la tecnología redefine las reglas del juego.Y no es la primera vez que la tecnología revoluciona el sector de los fondos de inversión y de los mercados en general. Como recuerda Fernando Luque, editor senior de Morningstar, cuando él empezó, hace más de 30 años, las rentabilidades llegaban por fax una vez por semana. Internet ya fue una revolución, pero lo que viene con la IA es incomparable. Hoy, herramientas como ChatGPT, Gemini o DeepSeek permiten procesar información a una velocidad inasumible para cualquier analista humano. Sin embargo, insiste en una advertencia: “No me gusta llamarla inteligencia. Todavía no lo es”. Y lo argumenta con ejemplos. Al pedir a distintas IA la rentabilidad de un fondo en un periodo concreto, obtuvo tres respuestas distintas y todas incorrectas. De momento, es un ayudante, con gran capacidad de análisis, pero está lejos de poder tomar sus propias decisiones. La clave, y donde se nota la mano humana, es en la calidad de los datos de entrada. Uno de los ejercicios más llamativos fue pedir a ChatGPT que seleccionara tres fondos de renta variable estadounidense, aptos para un inversor español, con buena relación rentabilidad-riesgo. La IA devolvió tres fondos de calidad… pero cometió errores básicos: eligió una clase institucional inaccesible para el inversor minorista, y propuso un fondo cuyo ISIN pertenecía a Reino Unido, no disponible en España. Cuando repitió la consulta, la IA devolvió tres fondos completamente distintos, salvo uno que coincidía. Al realizar el mismo ejercicio con Gemini, los resultados también fueron diferentes. “Esa inestabilidad es uno de los retos”, reconoce Luque. “Dos consultas idénticas pueden dar respuestas distintas”.Una de las preocupaciones planteadas es si la popularización de la IA generará una convergencia masiva hacia los mismos productos, deteriorando su capacidad de gestión. “Si todos acaban entrando en los mismos fondos porque la IA los señala como los mejores, esos fondos podrían volverse ingestionables”, advertía uno de los ponentes. Este riesgo es especialmente relevante en fondos de menor tamaño: “En small caps, el patrimonio del fondo es un criterio clave. Puedes pedirle a la IA que filtre por tamaño, pero debes indicarle cuál consideras adecuado”.Otra cosa es si la IA puede detectar irregularidades en los balances, que es uno de los méritos atribuidos a los gestores humanos. Y la realidad es que parece que sí. Después de la última publicación de resultados de Nvidia, en minutos, ya estaban circulando discrepancias contables detectadas, y esa velocidad solo es posible si lo hace la IA. En esta línea, han hecho un experimento en China, Alpha Arena, donde le encargaron a las diferentes IA de referencia que invirtieran 10.000 euros reales en criptomonedas, con una instrucción mínima: maximizar la rentabilidad. Eligieron el mundo de las cripto porque en él es posible actuar las 24 horas del día. Los resultados fueron muy dispares, ya que unas IA fueron extremadamente prudentes, y otras afrontaron riesgos muy elevados, aunque al final todas perdieron dinero. Actualmente, están iniciando un proceso similar, pero con acciones de empresas estadounidenses.La duda ahora es cuándo llegará el primer fondo gestionado al 100% por una IA, y la sensación es que no falta mucho, porque barreras técnicas ya no hay. La cosa es si se atreverá antes uno de los gigantes de la industria, como pueden ser BlackRock o Vanguard, o si serán actores más pequeños con alma disruptiva los que den el paso.De momento parece claro que la IA no va a sustituir a los gestores, pero sí que se convertirá en una herramienta esencial. No va a tomar decisiones, pero sí que va a ser un copiloto imprescindible.
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