Comencemos por definir que es una rabieta, se puede considerar una reacción a una situación que un niño no puede manejar de forma, digamos, más madura, hablando acerca de cómo se siente o dando argumentos a favor de lo que quiere, o simplemente haciendo lo que se le ha pedido hacer. En cambio, la emoción lo abruma. Y si dar rienda suelta a sus sentimientos de forma dramática, ya sea llorando, gritando, pateando el piso, dando puñetazos a la pared o golpeando a un padre, le sirve para obtener lo que quiere (o lo saca de lo que está tratando de evitar), es una conducta en la que el niño puede llegar a confiar. Eso no significa que las pataletas sean conscientemente premeditadas o incluso voluntarias. . La meta para los padres con un niño que sea propenso a las rabietas es ayudarlo a desaprender esta respuesta y aprender, en su lugar, otras formas más maduras de manejar una situación problemática, como ceder o cumplir con las expectativas de los padres a cambio de alguna recompensa positiva. Lo primero que tenemos que hacer como padres para manejar las rabietas es entenderlas. Esto no siempre es tan fácil como suena, puesto que las rabietas y las crisis emocionales son generadas por muchas cosas diferentes: miedo, frustración, ira, sobrecarga sensorial, por nombrar algunas. Y, como una rabieta no es una forma muy clara de comunicarse, a pesar de que puede ser una forma poderosa de obtener atención, los padres suelen no saber qué es lo que impulsa esta conducta. El primer paso es tener una idea de lo que desencadena las rabietas particulares de su hijo. El nombre que le dan los psicólogos a este proceso es “evaluación funcional”, lo cual significa estudiar qué situaciones de la vida real parecen generar rabietas, específicamente lo que sucede inmediatamente antes, durante y después de los estallidos que pudiera contribuir a que sucedan de nuevo. Por ejemplo, cuando se acerca la hora de dormir, cuando el niño tiene hambre, cuando quiere algo que no puede obtener, etc. El desencadenante suele ser que se le pida hacer algo a lo que le tienen aversión o que dejen de hacer algo que es divertido para ellos. Especialmente para los niños que tienen TDAH (ADHD, por sus siglas en inglés), algo que no sea estimulante y les exija controlar su actividad física, como un paseo largo en auto, un servicio religioso o visitar a un familiar mayor, es un desencadenante frecuente para crisis emocionales”. Debido a que los padres suelen encontrar que las rabietas son difíciles de tolerar, especialmente en público, el niño puede aprender de forma implícita que hacer un berrinche puede ayudarlo a salirse con la suya. Se vuelve una respuesta condicionada. Una de las metas de la evaluación funcional es ver si se pueden eliminar o cambiar algunos de los desencadenantes de las rabietas de manera que no sean tan problemáticos para el niño. “Si ponerle los zapatos al niño o prepararse para ir a la escuela es un desencadenante, es obvio que no podemos hacer que desaparezcan”.Pero algunas veces podemos cambiar la forma en que los padres y otros cuidadores manejan la situación para así calmarla. Esto podría traducirse en dar más avisos a los niños de que una tarea se requiere de ellos, o estructurar las actividades problemáticas de formas que reduzcan la posibilidad de una rabieta. Es realmente importante anticipar y modificar esos desencadenantes de manera que sea más fácil para el niño involucrarse en esa actividad. Debemos preguntarnos como padres ‘¿Cómo podemos hacer que la actividad que desencadena la rabieta sea más grata para ella/el?’. Podemos darle más tiempo, darle apoyo en áreas con las que tiene especial dificultad, organizar su trabajo y dividir las tareas intimidantes en bloques más pequeños. Otra meta es considerar si las expectativas para la conducta del niño son apropiadas para su desarrollo, para su edad y para su nivel particular de madurez. “¿Podemos modificar el ambiente para hacer que concuerde mejor con las habilidades del niño, y fomentar el desarrollo hacia la madurez?” Es importante que los padres entiendan dos cosas: primero, evitar una rabieta antes de que comience no significa “ceder” a las exigencias de un niño. Significa separar la respuesta indeseada de la rabieta de otros problemas, tales como el cumplimiento con las demandas de los padres. Y segundo, al reducir la probabilidad de una respuesta de rabieta, usted también está eliminando la oportunidad de que haya refuerzo de esa respuesta. Cuando los niños no tienen rabietas, ellos aprenden a lidiar con necesidades, deseos y contratiempos de forma más madura, y ese aprendizaje en sí refuerza las respuestas adecuadas. Una cantidad menor de rabietas ahora significa… menos rabietas más adelante. Cómo responder a las rabietas Cuando las rabietas ocurren, la respuesta del padre o cuidador afecta la probabilidad de que la conducta suceda otra vez. Hay muchos protocolos ...
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