Los extremos económicos Podcast Por  arte de portada

Los extremos económicos

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Los extremos económicos Proverbios 30:8-9 (PDT): “8 Aleja de mí la mentira y la falsedad, no me des pobreza ni riqueza; dame sólo el pan de cada día. 9 Porque si tengo más de lo necesario, puedo llegar a creer que no te necesito, SEÑOR; y si soy pobre, puedo llegar a robar y desacreditar así el nombre de mi Dios.”. En la escala económica tenemos, en un extremo, a la pobreza; en el otro extremo a la riqueza. Ambos extremos en el nivel económico pueden ser peligrosos para preservar la santidad, especialmente para aquellos que no tienen una fe firme en Jesucristo como dueño y Señor de todas las cosas. Por un lado, si tenemos poco, podemos caer en el pecado del descontento, de la falta de fe y fallar en nuestra integridad al cometer delitos con tal de conseguir los recursos que necesitamos para nuestro sostenimiento. En el otro extremo, si tenemos mucho, podemos olvidarnos de Dios y caer en la tentación de sentirnos orgullosos, autosuficientes, independientes de Dios y creer que no necesitamos nada de Él por pensar que lo tenemos “todo”. Al respecto, la Palabra de Dios nos advierte de esos riesgos en Proverbios 30:8-9. Por ello el autor de Proverbios le pide a Dios que sólo le dé el pan de cada día. Para no caer en esos errores debemos tener nuestro corazón centrado total y únicamente en Cristo. Si Él es nuestro tesoro tendremos contentamiento ya sea en lo mucho o en lo poco. Por esta razón, el apóstol Pablo dice al respecto en 1 Timoteo 6:8: “Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos estaremos contentos con esto.”. Si Dios, conforme a Su voluntad, nos pone en lo mucho, deberíamos gozarnos y estar agradecidos con Él dando uso honroso a la abundancia, siendo generosos con los demás y glorificando a Dios con nuestros recursos. En cambio, si Dios, decide colocarnos en lo poco, también deberíamos llenarnos de gozo y de agradecimiento porque Él es bueno y sabe lo que hace. Y confiamos que todo es para nuestro bien (Romanos 8:28). En este sentido podemos confirmar nuestra convicción en que Dios es digno de gloria y que le alabaremos igualmente sea que tengamos o no. Así lo hizo Habacuc en su libro, capítulo 3, versículos 17 y 18 cuando dice: “17 Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; 18 con todo, yo me alegraré en el SEÑOR y me gozaré en el Dios de mi salvación.” De Dios tenemos Su promesa de que no nos abandonará, y que Él estará con nosotros todos los días de nuestra vida (Mateo 28:20). Dios sabe qué necesitamos y confiamos que Él suplirá todo lo que nos haga falta (Filipenses 4:19). El pasar por el desierto (no sólo económico, sino de cualquier tipo: salud, afectivo, familiar, relaciones, trabajo, etc.) puede ser propósito de Dios, tal y como hizo con su pueblo cuando lo liberó de la esclavitud de Egipto. Dios lo hace para probar nuestro corazón si guardamos sus mandamientos o no (Deuteronomio 8:2). ¿Sabes lo que Dios dice de aquellos que los lleva por un desierto? Dice esto en Oseas 2:14: “A pesar de todo eso, le llevaré al desierto, y allí, con mucho cariño, haré que se vuelva a enamorar de mí.”. Dios nos quiere enamorar. Como ejemplo de ese amor que debemos tener por Dios, están los votos matrimoniales que se hacen al momento de la boda. Entre otros votos, los esposos se dicen el uno al otro: “Prometo amarte en la abundancia y en la escasez”. Que nuestro amor por Dios vaya más allá de lo que tenemos, sea poco o sea mucho. Lo tenemos a Él y teniéndolo a Él lo tenemos todo, tenemos a Su Hijo, tenemos a Su Espíritu y tenemos Padre que nos da vida eterna. ¡Dios les bendiga!
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