EL ROMANCE DEL DOLOR
Una historia de amor atrapada entre el crimen, la fe y el poder.
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Narrado por:
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Virtual Voice
Este título utiliza narración de voz virtual
Cuando el daño ya ocurrió y el sistema decide avanzar, la verdad deja de importar y la mentira deja de ser necesaria.
El romance del dolor inaugura una serie de romance oscuro, historia de la vida real, psicológico y político donde el vínculo no nace del deseo, sino de la presión, el miedo y los silencios que se aprenden. No hay refugio emocional, ni promesas de reparación.
No es una historia de héroes ni de figuras completamente puras, sino un relato humano y áspero donde cada gesto arrastra consecuencias que no siempre se anuncian.
Estefani tiene 18 años y un embarazo que deja de pertenecerle en el momento en que otros comienzan a interpretarlo. Su cuerpo pasa a ser leído, evaluado y utilizado dentro de una disputa que combina fe, ley y mirada pública.
Felipe es un nombre que adquiere peso con rapidez. Funciona en titulares, discursos y versiones que necesitan cerrarse antes de que la duda se vuelva incómoda.
Esta novela expone cómo una vida puede ser absorbida por el procedimiento. Cómo una experiencia personal se transforma en registros incompletos, declaraciones dirigidas y omisiones cuidadosamente sostenidas.
A partir de ahí, la experiencia deja de ser individual.
- La familia actúa desde la convicción religiosa.
- Los abogados intervienen desde la lógica del control.
- Los medios construyen sentido desde la repetición.
- Y el sistema progresa con una eficacia que diluye cualquier responsabilidad visible.
En este entorno, la culpa no se prueba: se gestiona. El silencio no representa ausencia, sino una forma de orden. Y la fe, cuando se vuelve estructura, deja de cuidar para delimitar.
Las versiones oficiales no aspiran a ser totales. Alcanzan con que encajen. Diagramas, comunicados y fragmentos editados ocupan el espacio que antes tenía la pregunta, hasta que dudar empieza a parecer una amenaza.
Mientras esa versión se consolida, cuestionar se vuelve riesgoso. Recordar no asegura claridad. Y olvidar puede convertirse en una estrategia de resistencia.
El vínculo aparece en el peor momento posible. No como rescate, sino como exposición. Porque aquí el afecto no libera: compromete.
Esta historia no ofrece lecciones.
Presenta efectos.
El romance del dolor no orienta al lector ni le indica conclusiones. Lo coloca frente a decisiones que ya fueron tomadas y lo obliga a observar cómo una acción oportuna puede pesar más que una verdad revelada demasiado tarde.
Este libro marca el comienzo de una serie.
Un recorrido que examina cómo el amor puede transformarse en indicio cuando el sistema ya ha decidido continuar, y cómo el daño no siempre concluye con el cierre formal de un caso.
Aquí no hay fallos evidentes.
Solo resoluciones adoptadas en espacios donde nadie rinde cuentas.
No aparecen villanos explícitos.
Solo engranajes que cumplen su función con precisión.
La violencia no siempre se manifiesta.
A veces queda registrada y sigue su curso.
Este no es un romance idealizado.
Es una mirada directa a los mecanismos que administran vidas mientras sostienen que las protegen.
Inspirada en dinámicas reconocibles, la novela no reproduce un caso concreto: revela la lógica que permite que todo continúe incluso cuando persiste la incomodidad de no saber si se actuó correctamente.
Y cuando el proceso parece concluido —con un expediente cerrado, una medida ejecutada, un asunto archivado— permanece una sensación difícil de borrar:
no fue reparación. Fue continuidad.
Porque existen relatos que no persiguen esclarecimiento.
Solo garantizan que el funcionamiento no se detenga.
Y alguien, en algún punto del sistema, aún no ha asumido todo el costo.