Democracia directa
Una alternativa como solución a la corrupción política, la división social y el desencanto público
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Narrado por:
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Virtual Voice
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De:
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Bernd Riemann
Este título utiliza narración de voz virtual
En La alternativa de la democracia directa, Bernd Riemann presenta un riguroso diseño para la «resurrección cívica» del Estado moderno. Sostiene que la decadencia política generalizada, la corrupción y la división social de la era actual no son fallos morales de los individuos, sino subproductos estructurales inevitables de lo que el autor denomina el «monopolio representativo».
Temas centrales y soluciones estructurales:El problema: el «monopolio representativo». La obra identifica una «gran desconexión» donde los ciudadanos, aunque teóricamente son dueños de su destino político, se sienten meros espectadores del gobierno.
La trampa del delegado: Los sistemas modernos se basan en una «ficción legal de la delegación», donde los representantes gobiernan en nombre del «pueblo» sin su consentimiento real. Una vez elegidos, estos intermediarios están incentivados para servir a las burocracias de los partidos y a los grupos de presión antes que a sus representados.
La prisión binaria: Los votantes se ven forzados a una dinámica del «menor de dos males», obligados a aceptar programas cerrados que ignoran los matices personales y premian la retórica más divisiva.
Atrofia sistémica: Al delegar la toma de decisiones en una casta profesional, el «músculo cívico» colectivo de la población se ha debilitado hasta caer en una peligrosa letargia, erróneamente calificada como apatía, pero que nace en realidad de la impotencia.
La solución: los tres pilares del poder directo. Riemann propone la transición de «súbdito» a «accionista» del Estado mediante:
La iniciativa popular: Actúa como motor de progreso al permitir que cualquier grupo de ciudadanos fije la agenda nacional, sorteando a los guardianes políticos.
El referéndum facultativo: Funciona como un freno estructural y un desinfectante universal. Al poner el «no final» en manos de la gente, hace que comprar a un político sea matemáticamente poco rentable para los grupos de presión.
La revocación: Garantiza que quienes ocupan cargos públicos permanezcan vinculados a la voluntad de sus representados.
Sanar el tejido social: asuntos sobre identidades La democracia directa se posiciona como una «política lenta de paz».
La fórmula mágica: Basada en el modelo suizo (Zauberformel), despolitiza el ejecutivo mediante una representación proporcional que crea un «gobierno invisible» centrado en la administración a largo plazo más que en la oratoria partidista.
Sustancia frente a símbolo: Al votar sobre temas tangibles (impuestos, infraestructuras) y no sobre identidades abstractas, el sistema incentiva el pragmatismo sobre el tribalismo.
Subsidiariedad: El poder se desplaza hacia la comunidad local, asegurando que el Estado sea un socio tangible en lugar de una abstracción distante y depredadora.
Educación mediante la responsabilidad Riemann rechaza la afirmación paternalista de que el mundo es demasiado complejo para el ciudadano medio:
El incentivo de saber: En los sistemas representativos, la «ignorancia racional» es una respuesta lógica a la impotencia. La democracia directa invierte esto al hacer que el «coste de la ignorancia» sea personal e inmediato.
El hábito trimestral: La participación regular transforma al votante de espectador pasivo en un «experto ad hoc», agudizando la mente nacional mediante el ejercicio constante del músculo soberano.
La alternativa de la democracia directa es un llamamiento a la madurez cívica. Plantea que la prosperidad suiza no es la causa de su democracia, sino su resultado. Al reclamar el poder, los ciudadanos dejan de ser súbditos para ser dueños de su destino.