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Locos por los clásicos

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De: RNE Audio
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En este podcast compartimos la lectura de los clásicos latinos y griegos. Ciencias Sociales
Episodios
  • Locos por los clásicos - La ley del más fuerte. Tucídides
    Mar 27 2026

    Estamos en el año 416 antes de Cristo. Grecia lleva años desangrándose en la Guerra del Peloponeso, la gran guerra entre Atenas y Esparta que acabará arruinando a todo el mundo griego. En medio de ese choque brutal entre las dos grandes potencias, una pequeña isla, Melos, intenta mantenerse neutral. Pero Atenas ya tolera la neutralidad: ha construido un imperio y quiere dejar claro que nadie puede quedarse al margen. Ahí empieza uno de los episodios, y de los textos literarios, más duros, más fríos y más modernos de la Antigüedad.

    Porque lo que cuenta Tucídides en el llamado Diálogo de los Melios en su obra “Historia de la guerra del Peloponeso” no es solo una negociación entre una potencia y una isla pequeña. Es el momento en que el poder se quita la careta. Los melios apelan a la justicia, a la prudencia, a la esperanza. Los atenienses responden con una lógica implacable: entre desiguales no manda el derecho, manda la fuerza. Y así, este texto deja de hablar solo de Grecia para hablar de algo eterno: de la arrogancia del fuerte, de la fragilidad del débil y de la brutalidad con que actúa un imperio cuando decide que puede hacer lo que quiera. Por eso sigue impresionando tanto: porque Melos no es solo una isla, es cualquier lugar donde la razón ya no sirve porque ha entrado en escena la ley del más fuerte.

    Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora del “Diálogo de los Melios de Tucídides está formada por “1492: La conquista del paraíso”, de Vangelis; “La delgada línea roja”, de Hans Zimmer; “Lean on Me”, de Bill Withers; y “The Imitation Game”, de Alexandre Desplat.

    La imagen corresponde a una escena de la película “Troya” de Wolfgang Petersen (2004)


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    29 m
  • Locos por los clásicos - Cicerón. Aprende a hablar en público 2
    Mar 20 2026

    En la segunda parte del libro I del De oratore, Cicerón plantea si basta con dominar la técnica del discurso o si, además, hace falta tener detrás una verdadera formación, conocimiento de la materia de la que se habla, experiencia de la vida pública y comprensión de la naturaleza humana. Ya no estamos ante un elogio abstracto de la elocuencia, sino ante una discusión mucho más concreta y más seria.

    Ahí es donde el diálogo se tensa de verdad. Craso defiende una idea exigente del orador: no como un simple especialista en palabras, sino como alguien con una formación amplísima, capaz de pensar por sí mismo y de no depender de otros para entender lo que está defendiendo. Antonio, en cambio, rebaja ese ideal y lo devuelve al terreno de la práctica. Su visión es más realista, más política, más pegada al día a día: el orador no tiene por qué saberlo todo, pero sí tiene que saber moverse, entender a su auditorio y conducirlo con inteligencia.

    Lo interesante es que Cicerón no resuelve del todo esa tensión, y precisamente por eso el texto sigue vivo. Porque nosotros seguimos atrapados entre esos dos modelos. De oratore entra de lleno en ese conflicto entre conocimiento y persuasión.

    Además, Cicerón deja claro que hablar bien no consiste en adornarse ni en impresionar con frases bonitas. La verdadera elocuencia no es un truco superficial, sino una forma de inteligencia en acción. Hay que saber qué decir, cuándo decirlo, ante quién y con qué intención. Hay que adaptarse, medir, escoger el tono justo. Y eso exige mucho más que facilidad verbal: exige criterio, experiencia, preparación y un conocimiento profundo de cómo funcionan las personas y la comunicación.

    Por eso esta obra no habla solo de la Roma republicana. Habla también de nosotros. De empresarios, políticos, abogados, tertulianos, profesores, periodistas y de cualquiera que aspire a convencer a otros con la palabra. Cicerón nos recuerda que la elocuencia no debería separarse nunca del fondo, porque cuando la palabra se vacía de verdad y de criterio, se convierte en simple ruido, en apariencia, en charlatanería.

    Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de la segunda parte del libro I del De oratore de Cicerón está formada por “Everybody’s Talkin’”, de Harry Nilsson; “Say What You Want”, de Texas; y “Parole, parole, parole”, de Mina y Alberto Lupo.


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    36 m
  • Locos por los clásicos - Cicerón: aprende a hablar en público (I)
    Mar 13 2026

    Cicerón no escribe un manual de trucos para hablar bien. Hace algo mucho más ambicioso: convierte la oratoria en una cuestión de civilización. En el libro I de Sobre el orador, nos lleva a una villa romana, en el año 91 a. C., donde varios grandes personajes conversan sobre una pregunta que sigue viva hoy: qué hace de verdad grande a alguien que habla en público. Y la respuesta no es tener labia ni saber soltar frases brillantes. Es mucho más serio que eso.

    En la obra vemos además el choque entre dos modelos. Uno más ideal, que aspira a un orador sabio, casi total. Y otro más práctico, más pegado al barro de la vida política y judicial. Entre los dos, Cicerón va dibujando su idea de la palabra: no basta con adornar el discurso, hay que convencer, emocionar y dominar la situación. A la primera parte del Libro I de Sobre el orador de Cicerón se dedica este podcast de “Locos por los clásicos”.

    Lo fascinante es que, dos mil años después, seguimos exactamente en ese problema. Seguimos viendo comunicadores que dominan el gesto, pero no el fondo, la emoción pero no la verdad, la apariencia pero no el conocimiento. Por eso este texto no habla solo de Roma. Habla de nosotros, de reuniones, de política, de platós, de redes sociales, de clases, de cualquiera que quiera influir en otros con la palabra. Cicerón nos recuerda que hablar bien no consiste en impresionar, sino en pensar, entender y persuadir con responsabilidad.

    Como no hay nada más actual que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de Sobre el orador de Cicerón está formada por “Parole, parole, parole”, de Mina y Alberto Lupo; “Everybody’s Gotta Learn Sometime”, de Beck; y “More Than Words”, de Extreme.

    La imagen corresponde a “Cicerón denuncia a Catilina”, por Cesare Maccari (1888), en el Palacio Madama, en Roma, sede del Senado de Italia.


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    36 m
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