La traición desde dentro (Nehemías 6:10-14)
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No todas las heridas vienen del enemigo declarado. Algunas, las más dolorosas, provienen de manos que alguna vez estrechamos con confianza.
Hay ataques que uno espera, porque vienen de fuera, de quienes nunca han ocultado su oposición. Pero hay otros que llegan desde dentro, envueltos en palabras piadosas, en gestos religiosos, en aparente preocupación espiritual. Y esos ataques suelen ser los más devastadores.
Nehemías vivía tiempos turbulentos. Desde su llegada a Jerusalén, la obra de reconstrucción había estado bajo constante presión.
Primero vinieron las burlas. Luego las amenazas. Después las distracciones repetidas, cuatro veces rechazadas con firmeza. Más tarde, las acusaciones públicas de traición y ambición política. Y, sin embargo, Nehemías permaneció firme. El enemigo externo no logró detenerlo.
Pero el adversario no se rinde fácilmente. Al ver que sus ataques frontales habían fracasado, Sanbalat diseñó un plan más oscuro, más refinado, más peligroso. Esta vez no usaría enemigos extranjeros, sino a alguien del propio pueblo. Alguien que Nehemías tenía razones para confiar. Alguien con apariencia de piedad, con credenciales espirituales, con acceso al templo. El ataque ahora vendría desde dentro. La Escritura no a no oculta esta realidad. El dolor de la traición interna recorre toda la historia bíblica, desde José vendido por sus hermanos, hasta David traicionado por Ahitofel, y culmina en Judas entregando al Señor con un beso. Nada hiere más profundamente que la traición revestida de cercanía.