La Biblioteca Secreta de Leopoldo | Escrita por Marco Ciappelli (Versión en Español) | Storie Sotto Le Stelle Podcast | Historias Cortas Para Niños y Soñadores de Todas las Edades Podcast Por  arte de portada

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LA BIBLIOTECA SECRETA DE LEOPOLDOHay gente extraña —les gusta pasar las noches leyendo libros.Otros son aún más extraños —creen en la magia que se esconde entre las páginas,en aventuras fantásticas,en historias de amores imposibles,en fantasmas que caminan entre los vivos,y piensan que todo lo que no existe —quizás sí existe.En fin, esta historia es para los que son un poco extraños,como tú y como yo —ya sabes, para los que.Entonces… escucha.Si desde el centro del pueblo tomas el camino hacia el monte,encontrarás una villa vieja y noble,que lleva ahí mucho tiempo.Serán unos 350 añosque está ahí en silencio,observando y respirando despaciobajo el cielo toscano.Salones enormes llenos de historia,pasillos sin fin,y ventanas grandes como sueños —pero ahora, en lugar de platos y figuritas de porcelana,nos regala historias en papel para quien quiera leerlas.Sí, ahora es la biblioteca del pueblo —un poco apartada, pero tan hermosa.Bueno, no se puede tener todo.Pues bien, sucedió que,en una noche de verano,envuelta en un manto de estrellasy la luz suave de faroles delicados,la villa se había llenado de voces, música, sonrisas,y tantas historias contadas y escuchadas,en voz alta o susurradas,que se entrelazaban en el abrazo de la fiesta.Sin duda una noche ya especial,pero presta atención,porque algo aún más inusual estaba por suceder.Sí, porque Elisa también estaba allí.Ojos grandes como el cielo,cabello oscuro como la noche,y un libro en la mano — como siempre.A pesar de todo lo que pasaba a su alrededor,Elisa prefería leer.Estaba allí, en el pasillo principal:entre el jardín y el patio interior,a medio camino entre lo seguro y el quizás,sentada en un sillón un poco grande para ella,sumergida en una historia misteriosa y cautivadora —en un mundo todo suyo.Pasa una página, luego otra,se acomoda los lentes amarillos,y pasa otra página…Cuando lentamenteel eco de una música de pianollegó a sus oídos.No le prestó mucha atención.Creyendo que venía del patio,pasó otra página — y luego otra.Pero pronto se dio cuentade que las notas que escuchabano venían del patio de la villa,sino de uno de sus pasillos —traídas por una brisa suave,desde lugares lejanos y sin tiempo.Sin pensarlo mucho,Elisa se levantó en silencio,se puso el libro bajo el brazo,y siguió la música.Atravesó antiguos pasillosy salas con estantes llenos de librosde todos los tamaños y colores imaginables —arcoíris de pensamientos y palabras en filaque parecían no terminar nunca.Mientras la música se hacía más fuerte,la luz disminuía,las salas que atravesabacomenzaban a parecer olvidadas,las escaleras de piedra que subía y bajabagastadas por el tiempo,los pasillos laterales eran ahora pasajes oscurosiluminados solo por antorchas en las paredes,que aparecían y desaparecían en la oscuridadcomo respiraciones.Una escalera,una puerta de madera entreabierta,otro pasaje,otra escalera,y más salas y estantes y libros sin fin.Luego, de pronto,una neblina cubrió el suelocomo una marea gentil,y frente a ella una gran cortina pesada —entreabierta.Se veía un poco de luzy unas pequeñas escaleras de madera.Las subió, esas pequeñas escaleras,y la música la envolvió como un abrazo.En el escenario, velas flotaban en el airecomo luciérnagas en una noche sin tiempo.Y allí, en el centro,sentado frente a un piano pequeñito,había un ratón.Pero no un ratón cualquiera.Leopoldo llevaba una chaqueta de tweed verde oscuro,pantalones marrones planchados con cuidado,y en su hociquito, unos lentes doradosque brillaban con una sabiduría antigua y gentil.Sus dedos danzaban sobre las teclascomo si estuvieran contando un secreto.«Bienvenida, Elisa», dijo, sin dejar de tocar.«Te estaba esperando.»Elisa parpadeó, encantada.«¿Cómo sabes mi nombre?»«Ah», sonrió Leopoldo, dejando que la última notase apagara suavemente en el aire,«quien ama las historias siempre reconoce a quien las busca.»Se levantó, se ajustó la chaqueta con un gesto elegante,y la miró con ojos llenos de estrellas.«¿Sabes dónde estás?»«En la biblioteca del pueblo», respondió Elisa,pero su voz temblaba un poco,como si supiera que la respuesta era otra.«Esa la conocen todos», dijo Leopoldo,bajando despacio del escenario.«Cada pueblo tiene una que todos conocen.Pero cada pueblo también tiene otra —una que casi nadie encuentra.»Hizo una pausa, los ojos brillando.«Tú has encontrado la segunda.»• • •Leopoldo la guió hacia una gran puerta de maderaque Elisa habría jurado que no estaba ahí un momento antes.Se abrió lentamente, sin ruido,como un suspiro contenido demasiado tiempo.Y lo que vio le quitó el aliento.Estantes infinitos trepaban hacia arriba,descendían hacia abajo,se extendían en todas direccionescomo espirales de galaxias hechas de papel y sueños.Velas flotaban por todas partes,iluminando libros que parecían respirar,latir despacio,como corazones dormidos.«¿Qué lugar es ...
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