DIA 50 - Los Humildes Poseerán la Tierra
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Hoy estaremos leyendo Levítico 17-18, Marcos 9:14-50 y el Salmo 37:10-21. En Levítico 17 y 18, Dios establece normas claras para Su pueblo sobre la santidad en el sacrificio y en la vida moral. En Levítico 17, se recalca la importancia de no comer sangre, ya que en ella está la vida, y solo a través del sacrificio se puede obtener expiación. En el versículo 11, Dios dice: "Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo les he dado la sangre sobre el altar para hacer expiación por ustedes" (Levítico 17:11, NTV). Esto nos apunta directamente a Jesús, quien derramó Su sangre en la cruz como el sacrificio perfecto para nuestra redención.
En Levítico 18, Dios advierte contra prácticas inmorales y detalla cómo Israel debía mantenerse apartado de las costumbres paganas de Egipto y Canaán. En el versículo 5, dice: "Si obedecen mis decretos y mis ordenanzas, encontrarán vida por medio de ellos. Yo soy el Señor" (Levítico 18:5, NTV). Dios nos llama a vivir en obediencia porque Sus mandatos no solo son reglas, sino el camino hacia una vida plena y bendecida. Reflexiona: ¿Estás viviendo en santidad, reconociendo que tu vida pertenece a Dios y que Cristo ya derramó Su sangre para tu redención?
En Marcos 9:14-50, Jesús enseña sobre la fe, la humildad y el sacrificio necesario para seguirle. El capítulo comienza con un padre desesperado por su hijo poseído por un espíritu maligno. Los discípulos no pueden expulsarlo, y Jesús les dice: "Todo es posible si uno cree" (Marcos 9:23, NTV). El padre responde con una oración sincera: "Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad" (Marcos 9:24, NTV). Jesús expulsa el demonio, demostrando que la fe es clave para experimentar Su poder.
Más adelante, Jesús enseña a Sus discípulos sobre la grandeza en el Reino de Dios, diciendo: "El que quiera ser el primero debe tomar el último lugar y ser el sirviente de todos" (Marcos 9:35, NTV). Esto nos recuerda que el verdadero liderazgo en Cristo no es una posición de dominio, sino de servicio y humildad.
El capítulo concluye con una advertencia sobre el pecado y la necesidad de evitar cualquier cosa que nos haga caer. En el versículo 47, Jesús dice: "Si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Es mejor entrar con un solo ojo en el reino de Dios que tener dos ojos y ser arrojado al infierno" (Marcos 9:47, NTV). Jesús nos desafía a tomar decisiones radicales cuando se trata de nuestra santidad y relación con Dios. Reflexiona: ¿Tu fe es lo suficientemente fuerte como para confiar en Dios en todo momento? ¿Estás dispuesto a sacrificar lo que sea necesario para vivir una vida que honre a Cristo?
En Salmo 37:10-21, David nos recuerda que Dios es justo y que, aunque los malvados prosperen por un tiempo, su fin llegará. En el versículo 10, dice: "Pronto los perversos desaparecerán; por más que los busques, no los encontrarás"(Salmo 37:10, NTV). Aunque parezca que la injusticia prevalece, Dios tiene el control y hará justicia en su tiempo perfecto. El versículo 11 nos da una promesa hermosa: "Los humildes poseerán la tierra y vivirán en paz y prosperidad"(Salmo 37:11, NTV). Dios honra a los que confían en Él y se mantienen fieles.
Más adelante, David habla sobre la diferencia entre los justos y los malvados. En el versículo 16, dice: "Es mejor ser justo y tener poco que ser malvado y rico" (Salmo 37:16, NTV). Esto nos recuerda que la verdadera riqueza no está en lo material, sino en vivir bajo la bendición de Dios.