Bajo el volcan: Pompeya y las ciudades del Vesubio
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Pocos sitios arqueológicos del mundo han despertado tanto interés y fascinación como Pompeya. Las ruinas de la ciudad romana se hallan a pocos kilómetros de Nápoles y son cita ineludible para más de dos millones y medio de turistas al año. La mayoría de ellos llegan atraídos por la curiosidad de contemplar cómo era la vida en una ciudad romana del siglo I. Todo ello gracias a la violenta erupción del cercano monte Vesubio en el año 79, que enterró no sólo esta localidad. Herculano, Estabia y Oplontis fueron núcleos de menor tamaño, pero que también perecieron engullidos por la cólera del volcán. Enterradas bajo metros de sedimento volcánico, estas ciudades permanecieron congeladas durante siglos hasta que fueron redescubiertas a mediados del siglo XVIII y devueltas a la vida por más de tres siglos de actividad arqueológica. El tortuoso discurrir de las calles, el interior conservado de casas y edificios públicos, las magníficas obras de arte, los vaciados en yeso de las víctimas de la catástrofe que salpican el recorrido por las ruinas o las inscripciones en las fachadas de los edificios parecen devolvernos a un pasado lejano. La vida cotidiana, la actividad en el espacio público, la religiosidad, el trabajo…, infinidad de aspectos que no nos han transmitido las fuentes escritas o que en otros yacimientos están muy pobremente representados se han conservado incólumes en la urbe desenterrada en el sur de Italia.
O eso piensan sus visitantes. En las últimas décadas los arqueólogos vienen insistiendo en que tan importante es lo que conocemos gracias a Pompeya y las ciudades sepultadas por el Vesubio como los silencios que guardan. Toda una serie de preguntas sin respuesta han hecho a los investigadores sospechar que los vestigios rescatados son una especie de espejo deformado de la Antigüedad, que nos proporcionan información valiosísima, pero que no hemos sabido interpretar correctamente. Para mayor confusión del viajero curioso, los arqueólogos actuales son muy críticos con los métodos empleados en las excavaciones y restauraciones que se han venido practicando hasta hace veinte años. ¿Y si lo que vemos es más el producto de la fascinación de quienes han excavado que de lo que realmente desenterraron? ¿Y si resulta que las miles de piezas del puzle que se vienen recogiendo desde hace siglos han sido colocadas de manera errónea? La ansiedad se ha ido apoderando del ánimo de los especialistas, que cada vez son más conscientes de que es casi tanto lo que ignoramos como lo que conocemos del yacimiento arqueológico más famoso del mundo romano. Las dudas alcanzan hoy en día hasta la propia fecha en que se produjo la trágica erupción… Pompeya y sus hermanas sepultadas siempre han sido un enigma, y a comienzos del siglo XXI lo siguen siendo más que nunca.