408: El pesebre, la cruz y una mesa - 21/12/2025 - #1383 Podcast Por  arte de portada

408: El pesebre, la cruz y una mesa - 21/12/2025 - #1383

408: El pesebre, la cruz y una mesa - 21/12/2025 - #1383

Escúchala gratis

Ver detalles del espectáculo

OFERTA POR TIEMPO LIMITADO | Obtén 3 meses por US$0.99 al mes

$14.95/mes despues- se aplican términos.
Sebastián Gómez 21/12/2025 El pesebre, la cruz y una mesa “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8 (NVI) El pesebre, la cruz y una mesa, refleja una línea de tiempo que muestra el origen del plan perfecto de Dios. La Navidad no es solo el recuerdo de un nacimiento, es la manifestación visible del deseo eterno de Dios de volver a relacionarse con el ser humano. No comenzó en un pesebre, comenzó en el corazón de Dios. Desde el principio, el hombre fue creado para vivir en amistad con su Creador, para conocerlo, escucharlo y caminar con Él. La vida tenía sentido porque Dios estaba presente. La comunión era el mayor regalo. El pecado rompió esa relación. No porque Dios dejara de amar, sino porque el hombre eligió apartarse. Aun así, Dios nunca abandonó su propósito. Desde ese momento, toda la historia bíblica muestra a un Dios que no desiste en darse a conocer, que busca restaurar la amistad perdida. Dios mismo declaró su intención cuando dijo: “…Quiero… que todos en el país me conozcan”, Éxodo 9:16 (TLA). El deseo de Dios siempre fue claro: ser conocido. La Navidad llega como la respuesta definitiva de Dios a ese quiebre. Jesús es Dios mismo acercándose, Dios haciéndose visible, Dios hablando en un lenguaje que todos pudiéramos entender. El nacimiento de Jesús no fue un evento aislado, fue el inicio del camino hacia la cruz, donde el amor de Dios alcanzaría su máxima expresión. Por eso Jesús mismo dijo: “Y éste es el requisito para que obtengan la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, el que tú enviaste a la tierra”, Juan 17:3 (NT BAD). La vida eterna no comienza después de la muerte, la vida eterna inicia cuando la amistad es restaurada y la eternidad que hay en Dios, atraviesa nuestras entrañas y transforma nuestro interior. La Navidad nos muestra que Dios no solo quiere salvarnos de la muerte eterna, sino devolvernos la comunión. En Cristo somos comprados, rescatados y apartados para Dios. La Biblia dice que fuimos “…comprados… por Dios y por el Cordero… para ser… dedicados a Dios y al Cordero en calidad de ofrenda santa”, Apocalipsis 14:4 (PDT y CAS). No le pertenecemos al pecado, ni al pasado. Le pertenecemos a Dios. Los relatos del nacimiento de Jesús confirman esta verdad. Los pastores, Simeón y Ana, dos personas justas y piadosas que vivían en Jerusalén no solo vieron a un niño, reconocieron al Salvador. “Y lo reconocerán por la siguiente señal: encontrarán a un niño envuelto en tiras de tela, acostado en un pesebre”, Lucas 2:12 (NTV). Simeón, “movido por el Espíritu, vino al templo”, Lucas 2:27, y Ana hablaba del niño “a todos los que esperaban la redención en Jerusalén”, Lucas 2:38. Simeón representa a quienes viven atentos a Dios, con un corazón expectante, y por eso pueden reconocer a Cristo cuando se manifiesta. Todos ellos fueron guiados por Dios porque tenían un corazón dispuesto a conocerlo. El encuentro con Jesús siempre es resultado de una búsqueda sincera. Los sabios de oriente también caminaron largos kilómetros porque deseaban encontrarlo. Cuando finalmente lo vieron, la Biblia dice: “Se alegraron con alegría grande sobremanera… se regocijaron sobremanera con gran alegría”, Mateo 2:10 (LBLA). Ese gozo profundo nace del encuentro con Cristo, no de las circunstancias. Ese gozo es fruto de una comunión restaurada. Conocer a Dios debe continuar siendo el mayor anhelo del corazón del hombre. El apóstol Pablo lo expresó con claridad cuando dijo: “Todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús… Quiero conocer a Cristo…”, Filipenses 3:8-10 (NTV). Y Juan afirma que “el Hijo de Dios… nos ha dado entendimiento, para que podamos conocer al Dios verdadero”, 1ª Juan 5:20 (NTV). La Navidad nos recuerda que Jesús vino para abrirnos los ojos, para devolvernos la capacidad de conocer al Padre. Por eso la comunión con Dios es el verdadero regalo de la Navidad. No es algo automático ni superficial. Es una relación viva que debe ser cuidada y renovada. Pablo oró por la iglesia diciendo: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo… les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor”, Efesios 1:17 (NVI). Ese sigue siendo el deseo de Dios hoy: que lo conozcamos mejor, más profundamente, más íntimamente. “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. “Apocalipsis 3:20 ¿En qué cosas están puestos tus ojos? ¿En qué se desvió tu mirada? Dios nos invita a mirar el lugar correcto: Su rostro. Hoy Dios nos invita a volver nuestro corazón al Suyo. Hoy Dios nos invita a reavivar el fuego de amor por Jesús. Tal vez has celebrado muchas Navidades, pero perdiste la ...
Todavía no hay opiniones