406: La trampa de la abundancia - 7/12/25 - #1381 Podcast Por  arte de portada

406: La trampa de la abundancia - 7/12/25 - #1381

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Denis López 7/12/25 La trampa de la abundancia Jesús... dijo: ...Eviten con gran cuidado toda clase de codicia... Entonces... contó esta parábola: Había un hombre rico, cuyas tierras dieron una gran cosecha. El rico se puso a pensar: ¿Qué haré?... y se dijo: “...Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar... mi cosecha... Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años... come, bebe, goza de la vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será? Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios”, Lucas 12:15 (BLA), 16-21 (DHH). El Señor es exageradamente enfático en este punto: “...Estén atentos y cuídense... eviten con gran cuidado toda clase de codicia...”, Lucas 12:15a (NBLH) 15b (BLA). Debemos cuidarnos de la codicia como si fuera una serpiente venenosa. Es cuestión de vida o muerte. Si no la matamos nos mata: “La codicia... engendra la muerte... quita la vida de sus poseedores”, Santiago 1:15 (BLA) y Proverbios 1:19. La gente mata por codicia: “Codician lo que no tienen y matan por conseguirlo...”, Santiago 4:2 (NT-BAD). Casi todos los mandamientos están relacionados con el que dice: “No codiciarás... cosa alguna de tu prójimo”, Éxodo 20:17 (OSO). Por ejemplo, cuando se dice que no cometamos adulterio es una referencia a no codiciar el cónyuge de otra persona. La codicia es letal. Basta decir que miles de ángeles perdieron el cielo por codiciar el trono del Señor. Adán y Eva fueron despojados del paraíso por querer ser como Dios. La esposa de Lot murió por codiciar Sodoma. Acán perdió la familia por codiciar un manto babilónico y David perdió la unción por codiciar la esposa de su mejor soldado. Examinemos al hombre rico de la parábola. Es necio porque: 1. Ignoró a Dios como la fuente de su bendición: El hombre se atribuyó el crédito de todo lo que tenía. Dijo: “mis graneros” y “mis cosechas”. Pero no eran sus cosechas. Jesús explicó que la cosecha se debía al terreno, no a su esfuerzo: “El terreno... produjo una buena cosecha”, Lucas 12:16 (NVI). Sin la ayuda de Dios su trabajo no hubiera servido para nada. El egoísmo del hombre rico no tenía límites. La ley establecía que las personas debían darle a Dios los primeros frutos de su cosecha, pero él no lo hizo. Entiéndase bien, el hombre era necio no porque tenía riquezas sino, porque confiaba en ellas en lugar de confiar en Dios. Retuvo, al igual que muchos creyentes hoy en día, lo que le correspondía a Dios. A propósito... ¿cómo están tus finanzas? Son asombrosas las excusas de la gente para no darle a Dios. No es sabio robarle a Dios. Tampoco ser un desagradecido. La Biblia dice que “todo lo bueno que hemos recibido... viene de Dios”, Santiago 1:17 (PDT). Cuidado con atribuirnos el crédito de lo que tenemos. Y cuidado con olvidarnos de Dios en medio de la prosperidad. Ese era el temor de Moisés en su travesía a la tierra prometida. Las grandes dificultades del desierto no le quitaron el sueño. Moisés sabía que el peligro más grande que debían enfrentar era la prosperidad de la nueva tierra. Habló claramente a Israel diciendo: “El Señor... les prometió... una tierra. Cuando te permita entrar a ella, te dará ciudades grandes y buenas, que tú no construiste; casas llenas de cosas buenas que tú no compraste... Cuando hayas comido y estés satisfecho, sé cuidadoso de no olvidar al Señor, que te sacó de la tierra de Egipto, donde eras esclavo”, Deuteronomio 6:10-12 (PDT). Sucedió lo que Moisés temía: el pueblo prosperó y se olvidó de Dios. Lo mismo ocurrió con el hombre rico de la parábola. Y así sucede hoy en día. ¡Cuánta tristeza! El motivo principal por el que muchos creyentes dejan a Dios son las bendiciones. La ‘bendición’ de la casa de fin de semana les impide congregarse. La ‘bendición’ de un nuevo negocio o la ‘bendición’ de una relación sentimental se convierten ahora en obstáculos para servir a Dios. La ‘bendición’ de una herencia, un terreno, un vehículo, etc. Todo esto empieza a demandar tiempo en esta tierra, y así el diablo nos mantiene ocupados en cosas terrenales y de a poco vamos abandonando las cosas eternas. Las personas pasan mucho tiempo orando pidiendo por “esa” bendición, luego cuando la obtuvieron, les fue quitando tiempo y poco a poco fueron alejándose de Dios y las cosas de Dios. Esas personas han sido engañadas. Aceptaron la media verdad del diablo de que ahora tienen que cuidar la ‘bendición’. Ellos dicen: “Dios me dio esta familia, este negocio y esta casa; es mi deber/responsabilidad cuidar esas bendiciones”. ¡Por supuesto que debes hacerlo! Pero no necesitas dejar de congregarte o servir al Señor. Dios, nunca tuvo en mente darte una ´bendición´ para que tomara su lugar en tu corazón. Cuidado con...
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