Trust in the Wild in Spanish Audiolibro Por Fabienne Paquin arte de portada

Trust in the Wild in Spanish

Watchers of Life

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Trust in the Wild in Spanish

De: Fabienne Paquin
Narrado por: Virtual Voice
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Este título utiliza narración de voz virtual

Voz Virtual es una narración generada por computadora para audiolibros..
La mañana de Barbara comenzó, como muchas mañanas en París, con una sensación de caos intencionado—ese tipo de caos que surge de saber exactamente lo que hay que hacer mientras al mismo tiempo no está nada preparada. Su maleta estaba a medio hacer, un enredo de ropa, artículos de aseo y documentos que había ordenado una vez, solo para que se esparcieran por el suelo momentos después. Murmuró entre dientes, no por frustración, sino al ritmo de los pequeños desastres que siempre parecían acompañar sus partidas.
El taxi tocó el claxon justo cuando encontraba su pasaporte, metía las tarjetas de embarcamiento en la bolsa y se daba cuenta, con total claridad, de que había dejado el cargador del móvil debajo de la cama. Lo agarró, maldiciendo suavemente al universo, y se preguntó si era un mal presagio o simplemente parte de su patrón. De cualquier manera, conocía la rutina: comprobar, revisar y prepararse para lo inesperado, porque lo inesperado siempre llegaba.
Fuera, las calles de París zumbaban con su habitual precisión, taxis zigzagueando entre el tráfico con elegante desprecio, peatones adaptándose al pulso de la ciudad sin pensar. Barbara subió, intercambiando saludos con el conductor, aunque su mente ya iba por delante—colas de seguridad, control de pasaportes, encontrar la puerta, asegurarse de no dejar su equipaje en un estado de semi-caos.
Miró una vez más su bolsa, como si pudiera enderezarse sola, y sintió un breve y agudo escalofrío de anticipación. Un largo vuelo la esperaba, una nueva ciudad, una nueva aventura, y sin embargo los primeros tropiezos—los pequeños errores casi cómicos—ya se preparaban para recibirla. Sospechaba que lo que viniera requeriría adaptabilidad, paciencia y un ojo agudo, pero lo acogió, aunque con un resignado movimiento de cabeza.
Porque al final, se dio cuenta, nunca eran los planes perfectamente orquestados lo que importaba—era la forma en que respondía cuando el plan salía mal, la gracia con la que corregía sus errores y la curiosidad que sentía cuando el mundo se negaba a seguir las expectativas. Y aquella mañana, cuando el taxi se incorporó al tráfico de París, Barbara sintió una mezcla familiar de temor y euforia, sabiendo que pronto descubriría que incluso las decisiones más pequeñas—comprar un café, ajustarse el cinturón, recuperar un cargador olvidado—podían tener consecuencias mucho mayores de lo que podía imaginar.
Cuando llegó al aeropuerto, ya estaba lista. No estaba completamente preparada—nunca lo estaría—pero lo bastante lista para afrontar lo que viniera con ingenio, atención y ese extraño y terco optimismo que la había guiado en cada pequeño desastre hasta ahora. La aventura la esperaba, y Barbara, como siempre, no dejaría que pasara desapercibida.
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