¿Te cuento una Historia? Audiolibro Por Martha Whittington arte de portada

¿Te cuento una Historia?

La Santa Muerte

Muestra de Voz Virtual
Prueba por $0.00
Elige 1 audiolibro al mes de nuestra inigualable colección.
Escucha todo lo que quieras de entre miles de audiolibros, Originals y podcasts incluidos.
Accede a ofertas y descuentos exclusivos.
Premium Plus se renueva automáticamente por $14.95 al mes después de 30 días. Cancela en cualquier momento.
Compra ahora por $6.00

Compra ahora por $6.00

OFERTA POR TIEMPO LIMITADO | Obtén 3 meses por US$0.99 al mes

$14.95/mes despues- se aplican términos.
Background images

Este título utiliza narración de voz virtual

Voz Virtual es una narración generada por computadora para audiolibros..
Fragmento de la historia:

– ¡Gabriel! Aguarda… – lo llamé y me apresuré a correr a su lado.

Gabriel Martínez estaba a punto de atravesar la calle, pero se dió la vuelta cuando me oyó llamarlo y esperó pacientemente a que yo llegara hasta él.

– Ah, gracias por esperarme; todavía no puedo caminar muy rápido –dije mostrándole mi bastón.

Gabriel era el representante de la Secretaria de Educación que había venido a dar la plática sobre Protección al Menor esa mañana; él también era maestro de primaria y estaba a cargo de niños de primer grado, igual que yo.

Gabriel era un tipo bastante simpático, de complexión atlética y muy sonriente; me agradó mucho su presentación sobre cómo proteger mejor a nuestros niños a la entrada y salida de clases.

– Hombre, ¿qué te pasó en la pierna? –Me preguntó divertido.

– Tuve un pequeño accidente sin importancia. Me llamo Antonio Allende, me da mucho gusto conocerte. Hiciste un excelente trabajo explicando cómo vigilar mejor a nuestros niños, se ve que sabes mucho. –Dije extendiendo mi mano.

Gabriel la estrechó y dijo sonriendo:

– Muy amable de tu parte. Igualmente, mucho gusto, Antonio. ¿Te puedo ayudar con algo más?

– Bueno, sí. Quería preguntarte si sabes algo sobre el tipo que trató de llevarse a una de las alumnas de tu escuela. La maestra Robles comentó que hubo un intento de secuestro no hace mucho… y justamente en tu escuela de planta…

La sonrisa de su rostro desapareció y dijo en tono frustrado:

– No, me temo que no tenemos mucha información. Lo poco que sabemos ya se lo dijimos a la policía, pero como sabrás estas investigaciones les toman meses…. y aún después de todo ese tiempo igual y el resultado es poco alentador. La policía tiene otras prioridades, me queda claro que el abuso infantil no forma parte de esas prioridades.

– Tienes razón, Gabriel, es un proceso lento e inefectivo. ¿Pudo alguien ver la cara del tipo ese o si iba a pié o en auto?

– No hay mucho que decir, desafortunadamente el infeliz ese se cubrió el rostro, por lo que supe. En cuanto a lo del auto, los niños que vieron lo que pasó dijeron que era una camioneta blanca. Pero la descripción que dieron fué muy vaga … Debes recordar, Antonio, que los niños pequeños no ponen atención a detalles; para ellos todos los adultos se ven igual. Los niños son extremadamente confiados e ingenuos, y es precisamente eso lo que facilita que un adulto se acerque para llevárselos con cualquier excusa. ¿Por qué estás tan interesado en el asunto? –Me preguntó con curiosidad.

– Siempre me preocupan ese tipo de cosas. Los abusadores de menores tienen la tendencia de irse a buscar niños a otras escuelas cuando ya han sido vistos en una. –Dije preocupado por nuestra escuela.

– Sí, tienes razón. Totalmente de acuerdo contigo. Bueno, espero que no vuelva a pasar algo así. Ya me tengo que ir, Antonio, nos vemos luego.

– Claro, oye, y gracias por tu tiempo. Te agradeceré me informes de cualquier novedad en el caso… por si vuelven a ver al tipo ese o si se sabe algo más que lo pueda identificar –dije tratando de sonar casual.

– Ok, nos vemos. Gusto de conocerte. –Dijo con una sonrisa y se apresuró a cruzar la calle.

Me gustaría mucho saber si hay un pedófilo en esa escuela.

Con mucho gusto le haría una visita nocturna.


– Hay uno. Y es mucho más peligroso que el que intentó secuestrar a la niña. –Escuché la voz de La Santa Muerte.

Volteé a ver a La Santa Muerte, pero no estaba por ninguna parte.

– ¿Quién es? –Pregunté sin dilación.

– Es él.

Volteé a toda prisa hacia el sitio en donde Gabriel había estado un momento antes, tratando de cruzar la calle, pero no lo ví más.

– ¿Estás segura de que es Gabriel? –Pregunté enfureciéndome.

– Nunca miento.
Cuentos de Hadas Fantasía Horror
Todavía no hay opiniones