#32 Dune - Frank Herbert Podcast Por  arte de portada

#32 Dune - Frank Herbert

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DuneLos libros son como pequeños artefactos mágicos.Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.Están también los que nos fascinan. Nós encantan con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que a veces nos falta.Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo, se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control. Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no deje respirar.El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal, funciona porque encaja perfectamente con ese ambiente retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.Y claro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.Ese mundo, es en parte Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas ...
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